CASAS DE ABASTOS


PANADERÍAS

La alhóndiga era un establecimiento público para la compra y venta de grano. Con anterioridad a su construcción en 1489, Madrid dispuso para ese propósito de dos casas de la harina, una en la villa y otra en el arrabal, de propiedad particular (Alonso Fernández de Madrid y Francisco Ramírez, dos de los madrileños más notables e influyentes de aquella época) y en las que se cobraban derechos por la venta del trigo.

Casas de la harina: Una de las dos existentes era propiedad de Alonso Fernández de Madrid, y se situaba en la esquina noroeste de la plaza de San Salvador. La primera mención expresa es de 1483 y alude al estado muy deficiente en que se encontraba; en ella, los regidores "dixeron que, por quanto el dotor de Madrid tiene la casa de la harina por merced de los Reyes nuestros señores, e que quando vienen los harineros se mojan e les es quexado por ellos que no tienen dónde se acojan, por ende, quellos rrogavan (...) al dicho dotor (...) quél haga un portal hueco de tablas largas y en el ayre sobre canes, para en que se acoxan los dichos harineros quando lloviere"; además, se le pide "que hiziese, más, un poyo en la pared de la dicha casa en que se pudiesen poner costales de los dichos harineros que allí viniesen". La otra pertenecía a Francisco Ramírez, y se localizaba en la plaza del Arrabal.

En 1487 el Concejo decide que tales casas de la harina pasen a ser de titularidad pública, pues "la casa donde se aya de vender el pan, en grano e harina (...) ha de ser del Concejo (...), y el dotor Alonso Fernández de Madrid pretende pertenecerle por merced que dello diz que les fecho por sus Altezas (...), e así mismo Francisco de Madrid, secretario de sus Altezas, pretende pertenecelle aquello mismo por cierto previllejo que de sus Altezas dice que tiene". Se entabla, pues, un largo pleito en el que el Concejo se revela incapaz de cerrar las dos casas de la harina, y en 1489 acuerda tener su propia alhóndiga (inicialmente dos locales, uno en San Salvador y otro en la plaza del Arrabal) y simultanearla con aquéllas, "para que allí vengan a vender todos los que quisieren y lleven el mismo derecho que se lleva de las otras casas de harina quel secretario Francisco de Madrid e el dotor de Madrid tienen".

La casa de la harina de San Salvador quedó cerrada antes de 1493, y la de la plaza del Arrabal duró en manos de Francisco Ramírez hasta 1498, al tomarse la decisión de "que en la dicha Villa (...) aya una casa para que en ella se venda toda la harina e trigo e cevada e centeno e otro pan que a la dicha Villa se viniere a vender, la qual casa sea aquélla en que agora se vende o otra qualquier que fuere señalada (...), la qual casa sea la meitad para la dicha Villa e la otra meitad del dicho secretario (...), e que todas las (...) costas las ayan de pagar de por medio (...) e que todo lo que (...) rentare sea la meitad de la dicha Villa e la otra meitad del dicho secretario e sus herederos para siempre jamás".

Alhóndiga de San Salvador: Tras la decisión del Concejo (1489) de tener alhóndiga propia, y en lo que reunían el dinero necesario para construir una, hubieron de ubicarla en casas alquiladas a los vecinos: Vázquez, rabí Losar ("judío, fijo de Ircano"; éste proporcionó un local situado en la Puerta de Guadalajara), Sancho de Cuenca... En 1493 se la sitúa en la plaza de San Salvador, todavía en alquiler (el censo era de mil quinientos maravedís al año), y poco después se habla de que "Miguell, portero, (...) se pase a bevir a la Casa del Alhóndiga e tenga cuidado de la tener linpia e dar recabdo de las medidas e aparejos a los que vienen a medir a ella". En 1497, finalmente, los regidores acuerdan edificar en ese local la casa del corregidor y la cárcel, y trasladar la alhóndiga a la casa que era carnicería, en la misma plaza de San Salvador. Esta primera alhóndiga propia duró hasta 1502, en que fue trasladada a las inmediaciones de la Puerta Cerrada.

Pósito de Puerta Cerrada: La licencia para su construcción la otorgó el Consejo Real en 1501, autorizando a la villa para repartir por sisa 60.000 maravedís con destino a su construcción; seguramente, la falta crónica de cereal que se padecía en Castilla durante esos años fue el motivo que impulsó al Concejo a edificar este local, en el cual se almacenaría trigo -en el primer momento se habló de 3.000 fanegas- para que la villa pudiera abastecerse en las épocas de escasez. Se situó frente al peso de los costales de Puerta Cerrada, en la acera derecha de la Cava Baja, frente a la embocadura de la calle de San Bruno.

Al comenzar la obra -1502-, el pósito se instaló provisionalmente en la frontera casa del peso. En 1504, sin embargo, parece que todavía estaba sin terminar, y los Reyes Católicos ordenaron al Concejo alquilar una casa en la que se almacenara todo el grano necesario: "Vos mandamos que (...) fagays por agora alquilar una casa que sea conveniente para ahóndiga en la qual (...) fagays mercar el trigo que más se pueda mercar de manera que a lo menos aya sobrado en ella el trigo que fuese menester para la provisión desa dicha Villa e su tierra dos meses del anno, la qual (...) pongays en guarda e fiel encomienda de una persona que lo tenga a buen rrecabdo, e dé cuenta dello, e no lo uenda sin vuestra licencia". El pósito permaneció durante siglos en este mismo enclave.


 

CARNICERÍAS

Carnicería de San Salvador: Fue la primera carnicería -la carnicería vieja a la que aluden los textos- existente en la villa, documentada ya desde 1400. Estuvo situada en la manzana que delimitan la plaza de la Villa -entonces, de San salvador- y la calle del Sacramento -antigua del Rey o Real-, con fachada seguramente a esta última, en el mismo solar donde luego se alzó la casa de Benito Cisneros, sobrino del Cardenal. Era un establecimiento municipal donde se almacenaba, medía y tasaba la mayor parte de la carne que se consumía en la villa, y donde acaso también se vendía. Al comienzo de la década de 1480 ya estaban abandonadas, y el estado en que se encontraban ocasionaba molestias a los vecinos: en 1483, Francisco Núñez de Toledo pidió le concedieran "un portal que solía ser la carrnecería vieja (...), para quitar un daño que rrescibe de los puercos que a él se llegan e duermen de noche, que le hozan los cimientos e paredes de su casa".

En 1483 el Concejo encargó a maestre Hazán la construcción de las carnicerías nuevas, mudándolas al lado occidental de la plaza. A sus espaldas se levantaron en 1494 "dos boticas para los carrniceros", techadas de forma "que las aguas vengan sobrel tejado de las carrnecerías". En 1497 se trasladaron de nuevo, esta vez al solar que lindaba con ellas por su lado meridional, y en su lugar se construyó la casa de la alhóndiga. Fue abandonada definitivamente en 1530, y se trasladó a la Plaza del Arrabal, en un solar que había sido de Jerónimo de Madrid.

Carnicería de Santa Cruz: La licencia para construirla la otorgan los Reyes Católicos en 1483 y la ratifican un año después; su finalidad es que los pecheros pudiesen "tener cerca de la yglesia de Santa Cruz del arrabal de la dicha Villa (...) una carnecería e pescadería en que echen entre si la sisa que fuese menester para pagar lo que les cabe de la hermandad". A la hora de elegir el emplazamiento exacto, se plantearon "dos sitios (...), qual los dichos pecheros más quisieren, que son los siguientes: O en la plazuela de cerca de las casas de Diego de Madrid, a un rrincón de la dicha plaza, a las espaldas de la yglesia de Santa Cruz. O en la calle que van de la dicha plaza del mercado (plaza del Arrabal) a Sant Estevan, enfrente de las casas de Andrés González Barragán, questén las dichas tablas entre medias de dos ventanas pequeñas questán en la hazera e espaldas de casas de Ferrando Ramiro".

Desconocemos en qué lugar exacto se ubicó, pero la cercanía de los dos propuestos nos hace presumir que estas carnicería y pescadería de pecheros hubieron de estar muy próximas a la esquina NE de la actual Plaza Mayor, en dirección a la Plaza de Pontejos. La carnicería ya estaba construida en 1492, y tres años después se ordenó cubrirla, "por quanto (...) la carrnecería esté linpia e no esté al sol". Dejó de funcionar antes de 1512.

Carnicería de Valnadú: Aparece mencionada como tal carnicería en varios acuerdos concejiles de la década de 1480, y fue uno de los locales que abasteció al arrabal, junto con el de Santa Cruz.

Red de la caza de San Salvador: Se construyó en 1489 al lado de la carnicería, "donde ya otra vez estovo fecha, para en que se vendan la dicha caza e cabritos". Seguramente fue sustituida por la posterior de la Plaza del Arrabal.

Red de la caza de la Plaza del Arrabal: Existía ya en 1514, localizada "debaxo de los portales del arrabal", y estaba prohibido "que (...) ninguna persona venda caza alguna salvo en la dicha red". Creemos que sustituyó a la de San Salvador.


 

PESCADERÍAS

Todo el pescado fresco que se consumía en la villa había de venderse en la red del pescado, una construcción permanente pero con paramentos de listones, suficientemente permeables, lo que permitía que circulara el aire y el pescado se mantuviera en buen estado.

Red del pescado de San Salvador: Creemos que ya existía en la actual plaza de la Villa en 1481, en su esquina SO, y que a ella se referiría el acuerdo de situar el peso de la villa "en la rred questá fecha en la plaza para el pescado". La red quedaría sustituida así por el peso, y unos años después -1489- se acordaría su construcción en la Puerta de Guadalajara. Tras el derribo de ésta en 1502, se vuelve a reconstruir en San Salvador junto a la red de la caza, aprovechando quizá su misma estructura: "Mandó el señor corregidor que Alonso de Toledo haga la red del pescado de la madera e teja de la otra red". Inicialmente era un local abierto, y el año siguiente "acordaron que la red que se a fecho en la plaza de San Salvador se ponga puerta e cerradura y se repare".

Red del pescado de la Puerta de Guadalajara: En 1489, los regidores "mandaron que en el rincón de la puerta de Guadalajara, commo entra por ella a mano derecha, así por evitar la suziedad que allí se echa commo para ennoblecer la dicha Villa, se haga una red de madera del alto que convenga, e se cubra con su teja e le pongan puertas y llaves, donde se venda todo el pescado fresco de río o de mar (...). E que por el suelo de la dicha red toda persona que algo en alla vediere, aya de pagar e pague cada día dos maravedís". Cinco años después, con motivo de una de las visitas de los Reyes Católicos, se trasladó provisionalmente "cabo las carrnecerías porque aya más anchura, porque la gente que se llega a conprar ocupan el paso de la gente, que entre tanto que sus Altezas aquí están, se arriende e alquile para el propio de la Villa".

En 1499 se decide arrendar la red y trasladarla a la plaza de San Salvador, "donde está la carnecería", pero en 1502 sigue todavía en la Puerta de Guadalajara: este año, a causa de la visita de Felipe I y doña Juana, la red se derriba para ensanchar la entrada, y se traslada definitivamente a San Salvador.

Red del pescado de la plaza del Arrabal: El Concejo acuerda construirla en 1513, "debaxo de los portales de la plaza del arraval".

Casa del pescado de la puerta de Valnadú: Era el lugar donde se almacenaba el pescado en remojo, y se localizó en la esquina de las calles de los Tintes -hoy, de la Escalinata- y del Juego de Pelota. El acuerdo del Concejo explica "que por quanto esta Villa no tiene botica donde los pesacdores (...) tengan en agua el pescado, y (...) las tienen las dichas boticas donde ellos quieren y, a las vezes, las ponen en la plaza en lugares públicos donde el olor del agua dello es muy malo y dañoso a la gente (...), esta Villa a acordado tomar para botica (...) una casa que era tenería a las fuentes del Arraval cerca de la torre de Alzapierna (...), en que se remoje el dicho pescado e entre e salga el lagua en ellas (...), porque ay mucha agua para todo ello".


 

CASA PORTALADA

Además de los locales que ya se han reseñado, y que se utilizaban para la venta o almacenamiento de un solo producto, Madrid tuvo durante la Edad Media un establecimiento dedicado a todo tipo de mercancías de tipo alimenticio. Se trata de la casa portalada, situada en la actual Plaza Mayor, que el Concejo decidió construir en 1489: "(...) considerando los grandes trabajos que pasan los panaderos e fruteros e ortelanos e ortelanas e otras personas (...) que venden e vienen a vender pan cozido e ortalizas e pescado remojado e salado e sardinas arencadas e saladas e tripas e mel cozinado e frutas verdes e secas e semillas e todas otras cosas de comer, sin el pescado fresco de río e de mar e sin atún e sávalo salados en estar al sol e a las aguas o aires e nieves e granizos e otras tenpestades e asimismo en los barros en tienpo del ivierno, de que viene mucho daño así a los tales vededores commo a todos los vezinos e moradores de la dicha Villa (...) en comer todas las dichas cosas asoleadas o mojadas o salpicadas de barro (...). Queriendo en esto remediar (...), acordaron de mandar fazer una casa en la plaza del Arraval desta Villa (...) que sea abierta de todas partes, de rango noble, alto, abierta e rajada, donde se acoxgan las personas que vedieren algunas de las cosas sobredichas. E porque la dicha Villa al presente tiene muchas fatigas (...), acordaron (...) que cada una persona que algo vediere en la dicha casa portal, aya de pagar e pague de las cosas susodichas, de cada una cada día un maravedí, quier sea la mercadería mucha o poca".

En ese mismo acuerdo se determinó que toda la venta en el arrabal se realizara en dicha casa portalada "e non en otra parte", y que dentro de la Villa se pudiera vender "francamente sin pagar este derecho (...), con tanto (...) que se venda en la plaza de Sant Salvador e, si por las calles lo vediere, lo haya perdido". Es de suponer que los demás establecimientos públicos o arrendados ya existentes quedaran al margen de estas limitaciones.

La casa iba a ser el propio más saneado de la villa (los ediles calculaban que rentaría veinte o treinta mil maravedís anuales), y simplificaría enormemente todo el trabajo de control e inspección. La construcción, pues, comenzó de inmediato, pero la falta de recursos hizo que pronto se interrumpiera. En 1492 ya iban gastados en ella 60.000 maravedís, y sólo se habían construido los cimientos y algunos pilares de ladrillo; el Concejo obtuvo autorización para echar en sisa otros 100.000, derrama en la cual habrían "de contribuyr e contribuyan esentos e non esentos". En 1496 la situación empeoraba, pues "a causa de la gran costa que se recrecería a la Villa en lo acabar de edificar no se a fecho por no tener con qué, y los dichos postes se deshazen y derriban de contino y el dicho suelo está muy sucio y secha en él vasura por los vezinos"; por ello, el Concejo decidió "que se den en los dichos postes dónde hagan boticas los herreros e cuchilleros e caldereros e los oficios que tienen fraguas en esta dicha Villa. E (...) sean tasados los precios que den de censo o renta".

Esta situación transitoria duró un par de años, y en 1498 la casa estaba terminada. El Consejo Real, sin embargo, desautorizó la obligatoriedad de vender sólo en ella que había decretado nueve años antes el regimiento madrileño: "Bien sabedes cómmo se nos ovieron quexado los ortelanos e panaderas (...) diziendo que vos otros les avíes apremiado (...) a ellos e a las otras personas que vendían cuales quier cosas de mercaderías e mantenimientos (...) a que vendiesen las dichas mercaderías (...) debajo de los portales que esa Villa tiene en la plaza de los arrabales, e que paguen cada un día de los que debajo de los dichos portales vendiesen ciertos maravedís para los propios desa dicha Villa, e que dello rrescebían mucho agrauio e danno (..), lo qual todo visto (...) vos mandamos que agora nin de aquí adelante non apremiedes a persona alguna (...) a que vendan sus mercadurías e mantenimientos debaxo de los dichos portales si non que cada uno los pueda vender e venda libremente (...) fuera de los dichos portales (...). Pero (...) si algunas personas (...) de su propia e libre voluntad, sin ser forzado nin costrennido para ello, quisiere vender (...) debaxo de los dichos portales ygualándose primero con esa dicha Villa lo que ouiere de dar e pagar por ello, que lo pueda fazer e faga libremente".


 

PESO DEL CONCEJO

Era un local de propiedad pública en el que se custodiaban los pesos y medidas con los que los oficiales concejiles verificaban las mercancías que se vendían en la villa y comprobaban los propios aparatos de pesaje de los comerciantes. Aquéllos eran inicialmente de piedra, y en 1489 se sustituyeron por otros de hierro, mucho más fiables: "Mandaron (...) al mayordomo de la Villa que haga un quintal e medio quintal e arrova e media arrova e libras, todo de hierro, para el peso del Concejo, porque las que agora ay son de piedra y eran menguadas, y los vezinos desta Villa rescibían por allí, de que rescibía mucho agravio". Unos años después "dióse cargo (...) para que hagan hazer una media concertada con la que se truxo d'Ávila e que se haga hazer de cobre, y por aquélla se requieran todas las desta Villa e su tierra". Las pesas y los sellos se guardaban en arcas: "Mandaron que yo dé (...) lo que costaren las arcas para el peso e sellos".

El Concejo aprobó en 1499 las "ordenanzas del peso e medidas", estableciendo en ellas "que la dicha Villa tenga un marco bueno concertado e marcado el qual esté en el arca que está en la sala del Ayuntamiento (...), y que así mismo esté en ella media hanega e medio celemín de nogal e media cántara e un azunbre e quartillo de cobre (...), e que allí se vengan afinar las pesas e medidas que tovieren los fieles, e afinadas las buelvan a la dicha arca (...). Otrosí, que los fieles de cada año tengan un peso grande donde la Villa acordare en lugar público por donde se afinen las pesas grandes de arrovas e medias arrovas (...), de buen hierro (...), e vara de medir de hierro marcada por el marcador (...). Otrosí, que todos los vezinos (...) sean obligados a traer todos sus pesos y pesas y medidas a la dicha cámara y casa una vez en el año a las afinar e marcar".

También existían dos "casas del peso de los costales", que era donde se pesaban los costales de trigo que se sacaban a moler fuera de la villa, así como la harina que después se traía. El Concejo percibía un maravedí por fanega. Permanecían cerradas desde mediados de junio hasta mediados de noviembre.

Peso de San Salvador: Inicialmente, el peso del Concejo se guardaba en locales particulares alquilados. En 1481 se acordó instalarlo "en la rred questá fecha en la plaza para el pescado, e los seiscientos maravedís que daua la Villa, que se queden para la dicha Villa". Creemos que esta red era la que había en la plaza de San Salvador, común para caza y pescado. El peso, sin embargo, se guardó provisionalmente en la casa del corregidor, y en 1484 Diego González de Madrid cedió gratuitamente una de las tiendas que tenía en la plaza para custodiarlo en ella.

En 1489 se reedifica la red de la caza, y el Concejo se ve obligado a trasladar el peso a la Puerta de Guadalajara, en "un cerramiento de verjas al rincón, en lo hueco de la bóveda", aunque muy poco después deciden guardarlo en la alhóndiga, provisionalmente instalada allí en aquellos momentos. Nueve años después, el peso ha retornado ya a la plaza de San Salvador, dentro de un local habilitado en un "corralejo questá en la casa de la harina".

Peso de la Puerta de Guadalajara: Allí estuvo el peso del Concejo, desde 1489 hasta una fecha nunca posterior a 1498, en que ya se localiza en la plaza de San Salvador.

Peso de Santa Cruz: Está documentado en 1512, muy cerca del "solar queran carrnecerías de la sisa".

Peso de los costales de Puerta Cerrada: Se construyó en 1496, y costó diez mil maravedís. Estaba situada, aproximadamente, en el solar delimitado por las calles de San Bruno, Grafal y Cava Baja. Las "roldanas e cuerdas e maromas" se trajeron de Toledo.

Peso de los costales de Santo Domingo: En diciembre de 1496, con la casa de Puerta Cerrada recién construida, los regidores "otorgaron suplicación para sus Altezas para que porque ay una casa fecha para el peso e no más e son menester dos, que den facultad (...) para echar en sisa (..) lo que (...) es necesario para ello". Los monarcas autorizaron a repartir en sisa hasta 20.000 maravedís para esta segunda casa del peso, que se construyó "a la Puerta de Santo Domingo".


 

MATADERO

Los primeros mataderos que existieron en la villa fueron negocios particulares, aunque sobre ellos el Concejo ejercía un rígido control. Eran los lugares en los que se sacrificaba a las reses -sólo allí se les podía dar muerte- y se cortaba y pesaba la carne que luego vendían los carniceros.

Las noticias más antiguas de mataderos madrileños son de mediados del siglo XV. Uno de los dos que están documentados en esta época es el que poseyó Juan Alfonso de Madrid hasta 1452: se trataba de "una casa matadero cerca de Puerta Cerrada", acaso en la calle de la Concepción Jerónima, y que el Concejo ordenó derribar en 1480. El otro era propiedad de Vargas y Medina, y se localizaba al sur de la laguna de Puerta Cerrada, muy cercano al solar en que luego se edificaría el hospital de La Latina. Cuando éste se construyó, el Concejo requirió a los Reyes Católicos que ordenaran el traslado del matadero; la cédula se expidió en 1502, y los monarcas señalan en ella que "sommos ynformados que un matadero que está cerca del ospital (...) faze muchos malos olores en el dicho ospital (...). Por ende, Nos vos mandamos que luego busqueys otro lugar conveniente donde el dicho matadero se pueda mudar"; el coste de los solares necesarios y del traslado correría a cargo de Beatriz Galindo, fundadora del hospital. El lugar que se encontró fue "a las espaldas de San Lázaro", es decir, en la actual calle de Segovia frente a la embocadura de la Cuesta de los Ciegos, muy cerca de las tenerías del Pozacho.

A partir de 1480, pues, la villa dispuso de un único matadero, el de La Latina/San Lázaro. Comenzaron las gestiones para construir otro, y en 1489 varios vecinos pujaron por la obra y por la posterior explotación del servicio: lo construirían a sus expensas, pagarían un censo anual al Concejo, y recibirían de los carniceros, como beneficio, una renta de "quatrocientos mill maravedís e dos carros de sebo". Las pujas fueron de Abraen de San Salvador, de Fernando de Madrid y de Pedro de Heredia, que fue quien obtuvo finalmente la contrata por un censo anual de mil quinientos maravedís.

Este matadero duró hasta 1496, pues en dicho año el Concejo construyó uno de titularidad municipal. La obra se realizó en un solar propiedad de Pedro Martínez situado "al Avapiés", al comienzo de la Ribera de Curtidores, hacia donde hoy se abre la plaza del General Vara del Rey. Era el edificio que en el plano de Texeira se nombra como "El Rastro Y carnicería Maior".


 

CASA DE LOS CUEROS - TENERÍAS

Casa de los cueros: Era el lugar donde la villa almacenaba los cueros necesarios para el abastecimiento de los zapateros, y donde los veedores de la corambre comprobaban sus características y las marcaban. Las provisiones que autorizaron su construcción se expidieron en 1498, y la única limitación que imponían era que la alhóndiga no se situase junto a los locales de los curtidores. La primera ubicación de este establecimiento concejil fue una bodega que se habilitó para tal fin en las casas que Diego González de Madrid tenía en la plaza de San Salvador, por la que el Concejo pagaba 1.500 maravedís anuales de alquiler.

En 1502 la casa de los cueros se trasladó a "tres piezas baxas con su entrada de la casa" que pertenecían a Antonio de Luzón, "que son junto con sus casas principales" -¿calle actual de los Señores de Luzón?-; en esta ocasión, la renta que había de pagar la villa por ellas se incrementó hasta los 2.000 maravedís anuales. La única forma de evitar el gasto fue construir una nueva alhóndiga en suelo propio del Concejo, lo cual se llevó a cabo en 1504 en la plaza del Arrabal. Una vez edificada, la casa se podía alquilar a los particulares durante los periodos en que el Concejo no la necesitaba, con la condición de "que cada e quando la Villa la quisiere para los cueros, sea obligado a dexarlla".

Tenerías: Eran los locales en los que se curtían y trabajaban las pieles. Las más antiguas pudieron ser unas documentadas en 1399 que lindaban "con los baños", propiedad de Mosén Romano, y que se situarían casi con seguridad intramuros, en el barranco del Pozacho, hoy calle de Segovia.

Hubo otro grupo de ellas, también desde muy antiguo -ya se documentan en 1460-, en las inmediaciones de la puerta de Valnadú, extramuros, entre lo que era la torre de Alzapierna y los Caños del Peral, a orillas del arroyo del Arenal -todo lo que es hoy la plaza de Isabel II-. Una de las obligaciones que contraían los propietarios de esas tenerías era "que tengan las huentes todas del arraval rreparadas perpetuamente para sienpre jamás", pues su industria requería una gran cantidad de agua, y era preciso que el abastecimiento de la villa no se viera comprometido por ello. Las instrucciones dadas en 1481 a Juan de Madrid son enormemente detalladas: "Lo que ha de hazer Joan de Madrid en las fuentes es esto: Tomar muy bien los manaderos de las fuentes de los adobes, e recojerlos a un arqueta pequeña, e de allí, hazer sus caños de cal y ladrillo fasta los legar a la puente que salle debaxo de la peña. Este caño, juntarle con todos los manaderos que salen debaxo de la peña, y todos juntallos e recojellos muy bien a un arca, y que se faga junto con la peña y el arca su caño de hierro por do salga todo esta fuente". Además, había que vigilar que el agua utilizada en los curtidos no se juntara con la de riego, por el riesgo evidente de contaminación que ello supondría.

Todas estas molestias tuvieron como consecuencia la provisión del Consejo Real que, en 1495, ordenó trasladar las tenerías -tanto las del Pozacho como las de Valnadú- "fuera desta dicha Villa e sus arravales". El año siguiente se señalaron varias posibles localizaciones -"a las fuentes de Tocha", "camino d'Alcalá", "cerca de San Lázaro"-, en solares que cedía gratuitamente el Concejo, pero consta que algunas de las antiguas de Valnadú perduraron hasta bastantes años después: es el caso de la que tenía Antonio de Chinchón, que en 1503 fue cedida al monasterio de Santo Domingo, y de otra que era propiedad de Juan de Carcaxona, el cual se quejaba en 1512 de que "le hazen muladar junto con su tenería e lo a alinpiado a su costa". Las últimas industrias del cuero asentadas en esta zona fueron expropiadas ya en la década de 1540 por Carlos I.

En el citado traslado de 1495, algunos curtidores -Pedro González de Guadalajara, Pedro de Coveña, Antonio Díaz...- se mudaron a las inmediaciones de la puerta de la Vega, junto a San Lázaro, en una extensa huerta que era propiedad de Iñigo de Buitrago. Al igual que las de Valnadú, lindaban con la cerca de la villa, pero en este caso el agua que utilizaban era la del arroyo del Pozacho, y éste corría ya directamente hasta el cercano Manzanares, sin atravesar zonas pobladas, por lo que no suponía un riesgo importante para la salubridad. Varias de ellas, sin embargo, estaban tan cerca de la muralla que llegaban a poner en peligro la estabilidad de ésta: "Requirieron (...) que por quanto Diego, guantero, a causa de una tenería que hizo a Sant Lázaro, cavó tanto de un cubo del muro que está a peligro si no se remedia, que pidían que de sus bienes (...) lo haga reparar".

Poco a poco, de cualquier modo, la mayor parte de esta industria se fue concentrando en la que luego sería Ribera de Curtidores -junto al matadero municipal construido allí en 1496-, y ya fue mayoritaria en esa zona a partir de las expropiaciones de 1540.