SECTORES ECONÓMICOS
Y PROFESIONALES


El Fuero madrileño de 1202 nos ofrece una primera nómina de los oficios que desempeñaban los vecinos de la villa durante la Edad Media. En 30 menciones sobre actividades artesanales y profesionales, el 10% corresponde a ganadería y agricultura (hortelano, pastor, vaquerizo), el 33% a la artesanía de subsistencia más básica (carnicero, panadero, pescador, vinatero, pisador), el 23% a la artesanía especializada (tejedor, cardador, curtidor, herrero, sartenero, carpintero), y el 20% a las actividades comerciales (mercader, regatón, tabernero, arriero). Ni siquiera en los primeros momentos, por lo tanto, parece que fuera Madrid una población basada exclusivamente en el quehacer agrícola. El sector de los oficios especializados y el del comercio estuvieron presentes desde el comienzo, y alcanzaron su punto álgido en los años centrales del siglo XV.


 

AGRICULTURA

El estrato inferior de los pecheros, en líneas generales, lo conformaban los trabajadores de la tierra, agricultores y hortelanos. Siendo la agricultura uno de los pilares económicos del Madrid medieval, no es de extrañar que abundasen los madrileños ocupados en este sector, tanto más cuanto que había grandes zonas en la propia villa o en sus alrededores más inmediatos dedicadas a aprovechamientos agrícolas: tierras de cereal (barranco de las Hontanillas) y huertos (Pozacho), sobre todo. También, por ejemplo, olivares (Santo Domingo). El caserío, disperso, estaba lleno de espacios libres, con "guertos e guertas e olivares e corralizas (...), sembrados de pan e de otras semillas dentro de la Villa".

Las ordenanzas del sector agrícola recopiladas en 1379/80 hablan de "pánpanos, agraz, huas, figos, rrosas, azafrán", "cerezas, granadas, manzanas", "figos, almendras, cermeñas, azeytunas", "coles, lechugas, puerros", "cogonbres, hauas, azanorias, nabos, pepinos, melones", "garvanzos, arvejas, sorondojas"... Es cierto que se refieren no sólo al suelo de la villa sino más propiamente al del alfoz, pero sirven para mostrar la extensión y variedad de los aprovechamientos agrícolas madrileños en aquella época.


GANADERÍA

La ganadería fue un sector económico con un peso no demasiado alto en el Madrid de la Edad Media. Las referencias documentales son escasas, y siempre se orientan a la producción de artículos de primera necesidad. No obstante, la ganadería madrileña (sobre todo la lanar) fue punto de referencia de otras actividades relacionadas con la alimentación y la industria del vestido. Las ovejas se convirtieron en un valor económico más como eran las casas, las tierras y las viñas, de forma que su posesión o tenencia era un indicador claro de la existencia de una oligarquía rural fuerte social y económicamente y muy influyente en sus respectivos ámbitos aldeanos.


 

ARTESANÍA

Por encima de los trabajadores de la tierra, representando acaso el porcentaje mayor del grupo pechero -al menos, así debió de ocurrir a partir de mediados del siglo XV-, estaban los artesanos, que desde la fecha citada comenzaron a especializarse en sus actividades, separándose ya claramente de las labores agropecuarias y alcanzando en poco tiempo una variedad asombrosa. Así, antes de comenzar el siglo XVI ya aparecen documentados infinidad de oficios: aceiteros, agujeteros, alarifes, albarderos, armeros, barberos, borceguineros, boticarios, calceteros, cambiadores, candeleros, canteros, cardadores, carniceros, carpinteros, carreteros, cereros, cinteros, cirujanos, cordoneros, cortadores, curtidores, empedradores, esparteros, especieros, físicos, guanteros, herradores, herreros, lanceros, libreros, marcadores, mercaderes, mesoneros, pañeros, pellejeros, peones, pescaderos, pintores, plateros, porquerizos, pregoneros, regatones, relojeros, roperos, santeros, silleros, taberneros, tañedores, tapiadores, tejedores, tenderos, tintoreros, traperos, tundidores, zapateros, zurradores...

El Concejo arrendaba algunos de estos oficios -carnicero, aceitero, pescadero, zapatero...- a personas que, mediante el pago de una cantidad fija anual, obtenían la exclusiva para la comercialización y venta de tales productos. Recibían el nombre de "obligados", y, en contrapartida, era el propio Concejo quien fijaba los precios de venta de esos productos.

- La que podríamos llamar artesanía de subsistencia -encargada de los abastos- agrupaba a carniceros, pescaderos, panaderos, cortadores, triperas y otros; se conocen con bastante precisión las sucesivas ubicaciones de las carnicerías, pescaderías y alhóndigas que tuvo la villa, así como numerosos detalles del trabajo diario de estos artesanos. En otro orden de cosas, es destacable el marcado intervencionismo del Concejo en todo lo relativo a estos artículos de primera necesidad, justificado por la relativa frecuencia con que se presentaban periodos de escasez en esta época: tanto los precios como las medidas y calidades estaban férreamente regulados por el Ayuntamiento y eran objeto de una vigilancia especial. También se controlaba con rigor la reventa de todos estos productos.

- Otro tipo de artesanos eran los ocupados en la construcción: alarifes -recordemos que éstos fueron, en su mayoría, mudéjares-, empedradores y tapiadores son los que aparecen con más frecuencia en los textos. En lo relativo a esta industria, los años finales del siglo XV supusieron un aumento espectacular en las obras públicas realizadas en la villa: el adoquinado de las calles constituyó una obsesión continua para los ediles, favorecida, no cabe duda, por el interés que por tal labor demostraron los propios Reyes Católicos. Ha quedado constancia de la identidad de los diversos alarifes que tuvo la villa en esta época, parte de cuya obra -la del mudéjar Hazan, por ejemplo, artífice del hospital de La Latina- todavía se conserva en pie entre nosotros. Piedra (muralla y calles) y adobe (edificación civil) eran los materiales más habituales, y parece que hubo tejares en el arrabal de Santo Domingo, arrabal de San Martín y zona de la Puerta del Sol.


Construcción de una torre
(José Manuel Castellanos, sobre un grabado de la época)

- El número mayor de artesanos, sin embargo, se concentraba en la denominada artesanía especializada, la más característica de estos siglos postreros de la baja Edad Media. Tres sectores principales descollaban en ella: la industria del cuero, la textil y la metalúrgica. Por lo que se refiere a la primera, los curtidores, zapateros y borceguineros son los artesanos más mencionados, y constituyen una de las actividades que más tempranamente se asentó en zonas específicas de la villa, obligados por la necesidad de agua abundante y corriente que su industria comportaba. Idéntica característica de ubicación en lugares determinados presentaba la metalurgia, solo que en esta ocasión ordenada por el Concejo por su naturaleza insalubre; se trata de los herreros, caldereros, cerrajeros, cuchilleros, plateros, etc., profusamente nombrados en los documentos de finales del siglo XV y principios del XVI, y que con el paso del tiempo darían nombre a varias calles cercanas a la Plaza Mayor. Entre los artesanos especializados, no obstante, los más numerosos fueron los dedicados a la industria textil, que, junto a los ya mencionados de la del cuero, constituían el sector hegemónico entre los artesanos. Aquí los distintos oficios son variadísimos: albarderos, calceteros, cinteros, cordoneros, guanteros, pañeros, roperos, tejedores, tintoreros y muchos más, que luego vinieron a agruparse en el arrabal de San Ginés y prestaron nombre, también, a no pocas calles de aquella zona. Tanto en esta industria como en las anteriores continúa siendo constante el control ejercido por el Concejo sobre las calidades, medidas y precios de los correspondientes artículos.

- Por último, no hay que olvidar otros oficios que, aun no constituyendo sectores importantes dentro de la artesanía medieval madrileña, vienen a confirmar la extraordinaria diversidad que ésta alcanzó: entre otros, bástenos mencionar a los candeleros, carpinteros, especieros, libreros, pintores, relojeros, silleros y tañedores que hemos documentado para estos siglos.


 

PEQUEÑO COMERCIO

Con una posición generalmente más holgada que la de los artesanos, los pequeños comerciantes constituyeron otro grupo de relieve dentro de los pecheros. Incluimos en él a los traperos -"de viejo" y "de nuevo", dedicados al comercio de tejidos y presentes en Madrid desde comienzos del siglo XIII, con calle propia en el arrabal de San Martín-, a los bodegueros, mesoneros y taberneros -que regentaban los correspondientes establecimientos, generalmente situados a lo largo de las calles que enlazaban el recinto medieval con las localidades del entorno- y, finalmente, a los propietarios de tiendas, concentradas mayoritariamente en las cercanías de la puerta de Guadalajara y plaza del Arrabal -hoy, Mayor-. Es evidente, sin embargo, que no existieron en Madrid los importantes mercaderes y comerciantes que hubo en otras ciudades medievales de mayor fuste; aquí, además, su número no debió de ser grande, al menos en los primeros siglos de la Edad Media; al finalizar ésta, no obstante, las relaciones comerciales de la villa con su comarca -a través, sobre todo, de las ferias- se incrementaron notablemente, así como el propio consumo interior, por lo que este sector experimentó un notable auge.


 

PROFESIONES LIBERALES

De entre todos los pecheros, sin embargo, los que tuvieron una posición más atípica fueron los dedicados a profesiones liberales y los servidores reales, que por su infrecuente preparación intelectual o por su distinguido origen consiguieron ocupar puestos muy cercanos a los tan celosamente defendidos por la pequeña nobleza.

- Entre ellos hay que mencionar, en primer lugar, a los bachilleres, licenciados, letrados y escribanos, trabajando casi siempre -con independencia de su quehacer privado- para el Concejo, de forma más o menos continuada. Escasos al principio, su número aumentó espectacularmente a lo largo del siglo XV, originando lo que Montero Vallejo ha calificado de "avalancha de letrados".

- A continuación podrían situarse los dedicados a la enseñanza -los entrañables "maestros de la gramática", pagados por el Concejo desde 1346 y quizá existentes con anterioridad, aunque en este caso sin más ingresos que los aportados por los propios alumnos-.

- Y, finalmente, los profesionales de la medicina, uno de los grupos pecheros de mayor solvencia y más queridos por todos los vecinos. Además de los saludadores, ensalmadores y santeros, que la mayor parte de las veces rozaban el curanderismo y la superchería, y de los boticarios, oficiales menores encargados de la preparación y venta de los medicamentos, la clase médica madrileña se sustentaba en los cirujanos -personas que, aun no teniendo instrucción alguna, podían practicar la cirugía previo examen realizado por el Concejo- y en los médicos o "físicos". Éstos eran oficiales de la villa, al igual que los boticarios y los cirujanos, y tuvieron, en su mayor parte, origen hebreo: de los siete que hemos documentado con anterioridad a 1492, cinco de ellos, al menos, fueron judíos. Un claro ejemplo del cariño que se les dispensó es el hecho de que Rabí Jacó, médico judío muerto en 1488, fue quizá el único de su religión que obtuvo permiso para vivir fuera de la aljama, pues de esta forma no quedaba aislado del resto de la población y podía, así, visitar a los enfermos con mayor celeridad. En bastantes casos este oficio se transmitió de padres a hijos, como lo demuestra la extensa nómina de médicos medievales madrileños que ha llegado hasta nosotros, a través, sobre todo, de las actas concejiles de la segunda mitad del siglo XV.


 

SERVIDORES REALES

Este grupo, por último, lo completaban los servidores reales -contadores, secretarios, continos, ballesteros, coperos, escuderos, etc.-, presentes en gran número desde comienzos del siglo XV gracias a las cada vez más frecuentes comparecencias de la Corte en la villa y al florecimiento y desarrollo de un buen número de familias ilustres cuya principal aspiración, al no pertenecer al estado de los caballeros, no podía ser otra que acceder a cargos u oficios cercanos al monarca. Se afincaron en mayor proporción en la zona de San Salvador y aledañas.