CRONISTAS Y MEDIEVALISTAS
 

JUAN LÓPEZ DE HOYOS

Juan López de Hoyos nació en Madrid en 1511, hijo de Alonso López y de Juana de Santiago. Tras ordenarse sacerdote, sus padres le dieron una casa en la cava de la puerta Cerrada, lindante con la muralla. Con este edificio y otros bienes fundó un vínculo que recayó más tarde en su sobrino Gabriel López de Hoyos. Fue un hombre de gran cultura, profundo conocedor de la Antigüedad clásica, la Historia y la Epigrafía.

En enero de 1568 ganó por oposición la cátedra del Estudio de la Villa, que habría de regentar hasta su muerte y en el que quizá fue maestro de Miguel de Cervantes durante unos pocos meses del año 1568. Para compensar su escasa asignación, se le nombró en 1580 beneficiado de la parroquia de San Andrés, a raíz de lo cual el Concejo suplicó al cardenal de Toledo no permitiese que por razón de este nuevo destino dejase la cátedra de la villa, temor que no se cumplió en absoluto.

Falleció el 28 de junio de 1583 en Madrid y fue sepultado en el monasterio de San Francisco, no sin antes haber redactado su propio epitafio:

M. Ioannes Lupecius de Hoyos
regius commissarius, specto
resurrectionem mortuorum

OBRAS SOBRE MADRID

- Hystoria y relación verdadera de la enfermedad, felicíssimo tránsito, y sumptuosas exequias fúnebres de la Sereníssima Reyna de España doña Isabel de Valoys. Madrid, 1569.
- Real apparato, y svmptuoso Recebimiento con que Madrid (como casa y morada de su M.) rescibió a la Sereníssima reyna D. Ana de Austria. Madrid, 1572.

Juan López de Hoyos fue el primer cronista que incluyó en sus textos descripciones de elementos defensivos de Madrid; pero, por desgracia, estas noticias se limitaron a una de las puertas del primer recinto (arco de la Almudena) y a tres del segundo (Moros, Cerrada y Guadalajara), y sólo en dos de las cuatro descripciones se incluían datos constructivos. De habérselo propuesto, López de Hoyos habría sido un notario excepcional de la realidad material de las dos murallas medievales, pues llegó a ver en pie todos sus elementos significativos (a excepción, quizá, de la torre Narigues) y pudo contemplar en su integridad el Madrid amurallado que por esos mismos años dibujaron Vermeyen y Wyngaerde.


 

JERÓNIMO DE QUINTANA

Jerónimo de Quintana nació en Madrid en 1576, probablemente en la colación de San Andrés. Fue hijo de Francisco de Quintana, escribano de Su Majestad, y de doña Juana de Prado; tuvo dos hermanas: Isabel de Prado y Jusepa de la Encarnación. Su padre fue persona acomodada por cuya escribanía pasaron duques, marqueses y condes; tuvo casas en la calle de Luciente y en la del Príncipe.

Estudió Lógica, Dialéctica, Física y Teología en Alcalá de Henares, adquiriendo el grado de licenciado en 1599. Fue Notario Apostólico del Santo Oficio de la Inquisición y Rector del Hospital de La Latina, y legó a la villa su primera e insustituible Historia y la fundación de la Venerable Congregación de San Pedro de Sacerdotes naturales de Madrid.

Falleció el 9 de noviembre de 1644 en el mismo hospital de La Latina, siendo enterrado en la iglesia del convento de la Concepción Francisca; legó la mayor parte de sus bienes a la Congregación de San Pedro, a las beatas y enfermeras del hospital y para la terminación de la capilla de Santa Ana que había comenzado a edificar en la iglesia del convento. En 1877, al exhumar la Congregación su cuerpo para trasladarlo a la capilla del Hospital, sólo se encontraron unos pocos restos óseos y los de un hábito de San Francisco, por lo que se dispuso cerrar de nuevo la sepultura.

Desde 1603 Jerónimo de Quintana fue Rector del hospital de La Latina: acabó con la desastrosa situación a que había llegado la institución en las últimas décadas del siglo XVI, realizó un extraordinario trabajo espiritual y económico, reparó el edificio y aderezó los objetos de culto y ornamentos. A su muerte le sucedió en la rectoría su sobrino el doctor Francisco de Quintana.

Quintana fue el fundador en 1619 de la Venerable Congregación de San Pedro de Sacerdotes naturales de Madrid, cuya finalidad era socorrer a los eclesiásticos pobres, ayudándoles en sus necesidades materiales y, llegado el momento, enterrándoles con decencia y otorgándoles misas y sufragios. Nuestro licenciado nunca dejó de ejercer en ella algún oficio (capellán mayor, tesorero, ropero…). La Congregación conservaba un retrato al óleo del licenciado Quintana, de 46 por 60 centímetros, que figuró en la Exposición del Madrid Antiguo de 1926. El cuadro desapareció en un incendio en 1936.

OBRAS SOBRE MADRID

- A la mvy antigva, noble y coronada Villa de Madrid. Historia de sv antigvedad, nobleza y grandeza. Madrid, 1629. Edición facsimilar: Ábaco Ediciones. Madrid, 1980.
- Historia del origen y antigvedad de la venerable y milagrosa Imagen de nvestra Señora de Atocha
. Madrid, 1637.

Quintana tardó diez años en escribir su Historia de Madrid, obra que contiene la primera (y en muchos aspectos única) historia completa de la villa. Se caracteriza por el rigor y criterio científico con que fue elaborada, así como por su organización sistemática. Sus páginas evidencian el deseo del autor de documentarlo todo, siempre que fuera posible, con realidades tangibles: revisa lápidas e inscripciones, estudia la documentación del Archivo de Villa, de los archivos parroquiales y conventuales, escucha la tradición oral, y se persona físicamente en los principales acontecimientos del momento. Incluye numerosas transcripciones que constituyen los primeros estudios realizados sobre los fondos documentales del Archivo municipal, adelantándose en trescientos años a los investigadores del siglo XX.
El grueso de la obra debió de terminarse en 1627. Su edición fue costeada por la propia villa y salió a la luz en 1629, pasando a venderse en la misma casa del autor, en el hospital de La Latina. Quintana fue reconocido de inmediato como una autoridad en temas madrileños, por lo que muy pronto comenzaron a abundar las citas y referencias a su obra en los otros escritores de su tiempo, tanto en sentido afirmativo como negativo.


 

ELÍAS TORMO Y MONZÓ

Nació en Albaida (Valencia) el 23 de junio de 1869 y falleció en Madrid el 21 de diciembre de 1957. Fue un activo humanista, destacando sus facetas de abogado, escritor, historiador de arte y político.

Estudió Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Valencia, y se doctoró en ambas materias por la Universidad Central de Madrid en 1890. Fue catedrático de Derecho Natural en la Universidad de Santiago de Compostela (1897), de Teoría de la Literatura y de las Artes en la de Salamanca (1902), Granada (1903) y Madrid). Militó en el partido conservador de Maura y fue diputado a Cortes por Albaida (1903), senador del Reino (1901-1923) y miembro de la Asamblea Nacional (1927-1929).

Fue decano, vicerrector y rector de la Universidad Central, y posteriormente ministro de Instrucción Pública (1930-1931), cargo desde el que elaboró leyes para la protección del Patrimonio Histórico. Fomentó en las aulas y la investigación el excursionismo, los viajes profesionales y las prácticas y docencia directa en los museos. También fue académico de la Real Academia de la Historia y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, miembro directivo del Museo del Prado y del Museo Valencia de Don Juan, y doctor honoris causa por las universidades de Tubinga y Bonn. Fundó en 1925, en colaboración con Manuel Gómez-Moreno, la revista Archivo Español de Arte y Arqueología, que se convirtió pronto en un referente historiográfico en nuestro país.

Tras la Guerra Civil, ya jubilado, se reincorporó al recién fundado Instituto Diego Velázquez del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, regido por sus discípulos y continuador de su herencia; allí permaneció como colaborador y jefe de su Sección de Escultura Medieval y Moderna. En 1949 fue elegido diputado durante la dictadura de Franco en representación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

OBRAS SOBRE MADRID

- Las iglesias de Madrid. Instituto de España. Madrid, 1979 (reedición de los dos fascículos publicados en 1927).
- Las murallas y las torres, los portales y el Alcázar del Madrid de la reconquista, creación del califato. C.S.I.C. Madrid, 1945.

Las Murallas de Tormo ha sido una obra determinante en lo relativo a la investigación sobre los recintos amurallados medievales de que dispuso Madrid. Hasta él, nadie había profundizado con tanta intensidad y seriedad en ese aspecto concreto de nuestra historia urbana, que hoy día sigue siendo motivo de estudio apasionado gracias, en buena medida, a sus aportaciones. Su obra es todavía de lectura obligada, aunque los hallazgos arqueológicos posteriores hayan podido matizar algunas de sus tesis. Tormo no pudo contar para su trabajo con los restos materiales que fueron saliendo a la luz a partir de los años centrales del siglo XX, pero sacó el máximo partido a la documentación gráfica de que disponía: Wit, Texeira, Espinosa y Planimetría, a los que añadió los dibujos de Wyngaerde/Hoefnagel, que hasta entonces nadie había estudiado con detenimiento.


 

JAIME OLIVER ASÍN

Nació en Zaragoza el 26 de julio de 1905 y falleció en Madrid el 5 de febrero de 1980. Fue catedrático de Lengua y Literatura en el instituto Ramiro de Maeztu, miembro del Instituto de Estudios Madrileños, director de la Escuela de Estudios Árabes (CSIC, 1958), miembro de número de la Real Academia de la Historia (1963) y Cronista de la Villa de Madrid.

Escribió una treintena de libros y estudios de literatura española, etimologías, investigaciones sobre el Madrid medieval y monografías de toponimia y geografía histórica. Su trabajo sobre el pasado de nuestra villa supuso la culminación de la labor desarrollada en las seis primeras décadas del siglo XX por Elías Tormo, Agustín Gómez Iglesias y Fernando Urgorri.

A mediados de noviembre de 1953, un vaciado de tierras en el número 81 de la calle Mayor dejó al descubierto un tramo de la muralla musulmana que hacía las veces de muro de contención del jardín de dicha finca. Fue Jaime Oliver Asín quien, tras visitar el lugar, comprendió la naturaleza excepcional del hallazgo; pocos días después, ahora en compañía de Leopoldo Torres Balbás y Fernando Chueca, localizó otro lienzo contiguo en el número 83 de la misma calle. Oliver identificó los restos, acertadamente, con los que en el plano de Texeira se dibujan en el borde del jardín de Malpica, y el torreón en ángulo que separaba los dos tramos encontrados, con el redondo que aparece en dicho plano . A instancias suyas, el alcalde de Madrid, conde de Mayalde, paralizó la destrucción de los muros descubiertos.

OBRAS SOBRE MADRID

- Historia del nombre “Madrid”. C.S.I.C. Instituto Miguel Asín. Madrid 1959.

Oliver recibió en 1952 por su Historia del nombre “Madrid” el Premio Francisco Franco del Consejo de Investigaciones y el Premio del Ayuntamiento de Madrid al mejor de los libros publicados ese año sobre la Villa. Esta obra es un pequeño mundo lleno de datos de toda índole sobre el Madrid medieval; en ella, y mediante la herramienta de la filología, Oliver supo compendiar una buena parte de lo que todavía hoy se admite como más probable acerca del pasado premusulmán y musulmán de Madrid. El libro incluye, además, el cuarto dibujo conocido de los recintos defensivos completos: como en el anterior de Urgorri, se dibujan las manzanas del Texeira, y, ahora por vez primera, se ensaya una superposición de ese plano del siglo XVII con el callejero actual, muy correcta en líneas generales.


 

MANUEL MONTERO VALLEJO

La obra de Manuel Montero Vallejo se sitúa en la arriesgada tarea de reconstruir el pasado medieval de Madrid como un todo -arquitectura, gentes, desarrollo urbano, oficios, economía y gobierno-, recomponiendo las piezas del caótico mosaico que documentalistas e investigadores de décadas anteriores (Fita, Domingo Palacio, Millares Carlo, Tormo, Oliver, Gómez Iglesias y Urgorri) habían sacado a la luz de forma dispersa.

A finales de la década de los 80, Montero toma con autoridad esa investigación. Profundo conocedor de todas las fuentes documentales sobre la época y prolífico en su trabajo, es el primer autor que se acerca de forma global al Madrid de la Edad Media. Así lo entendió él mismo, al tiempo que lamentaba el vacío existente desde la desaparición de los medievalistas clásicos: «Cuando empezamos a investigar en nuestra Edad Media estábamos solos, a excepción del empeño de unos pocos arqueólogos. Autores como Oliver Asín y Gómez Iglesias habían fallecido por entonces, y, con ser muy valiosas sus aportaciones, no manejaron determinada documentación, o constriñeron su utilización a aspectos muy concretos; Urgorri había abandonado este campo de investigación; los pioneros, como Fita, Domingo y Cambronero, apenas eran citados, y los valiosos fondos documentales por ellos rescatados no se habían empleado con las posibilidades que ofrecían (…). Los ya abundantes estudios sobre arte e historia de la Edad Moderna daban la sensación de que la ciudad comenzaba entonces su andadura: existía desconocimiento global acerca de su pasado».

Su reconstrucción de la realidad material de aquella villa casi desaparecida es ejemplar, y a pesar de las matizaciones que otros estudios o hallazgos puedan introducir en ella, es uno de los pilares básicos en los que cualquier investigación futura habrá de apoyarse.

La pérdida prematura de nuestro gran medievalista (falleció en su Madrid el 30 de julio de 2010) deja el camino libre a una nueva fase en el trabajo de reconstrucción de nuestro pasado. Parece probable que dicha investigación sólo podrá progresar si se abre una nueva vía de estudio, aquella que intente aunar el cuerpo documental conocido (ése mismo que Montero ha puesto a nuestra entera disposición en sus textos) con los escasos (pero difíciles de ignorar) hallazgos arqueológicos últimamente realizados.

OBRAS BÁSICAS SOBRE MADRID

- Los Caminos de la Comunidad de Madrid en la Edad Media. Comunidad de Madrid, 2006.
- El Madrid de Isabel I: Estudios de historia y arte sobre la villa de Madrid en el siglo XV. Madrid: La Librería, 2004.
- El Madrid medieval. Madrid: La Librería, 2003 (es una nueva edición, revisada y aumentada, del libro editado en 1983 por El Avapiés).
- Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Madrid: El Avapiés, 1990.
- Origen de las calles de Madrid: una introducción a la ciudad medieval. Madrid: El Avapiés, 1988.
- Las murallas de Madrid, un determinante en su esquema urbano. Ayuntamiento de Madrid, 1986.
- Sótanos y duendes de Mantua y las aguas de Madrid. Madrid: Editora Nacional, 1982.

Su libro El Madrid Medieval, seguramente la obra que mejor resume su trabajo, se ha convertido en obra de referencia para todo aquél que desea acercarse al pasado de la villa, completando trilogía, así lo creo, con "Las murallas del Madrid de la Reconquista" de Tormo y la "Historia del nombre Madrid" de Oliver Asín.
Una de las grandes aportaciones de Montero (sin duda la más osada, y que surge con tremenda personalidad en este libro), fue la de dibujar en papel aquel Madrid medieval que él trató de recomponer sin fisuras, tarea tremendamente valiosa que facilita en grado sumo las aportaciones posteriores de otros estudiosos y que resulta imprescindible para que la investigación pueda ajustar cada vez más sus conclusiones.
Montero Vallejo extendió esta reconstrucción gráfica a todos los aspectos del Madrid medieval: desarrollo urbano general, trazado viario, zonas específicas de la villa (barranco de San Pedro, arroyo del Arenal, plazas de San Salvador y del Arrabal), sociedad, actividades económicas, etc.