MADRID PRECRISTIANO


ÉPOCA ROMANA

Los ejércitos de Roma entran en la Carpetania durante los primeros años del siglo II a.C., y la comarca se convierte en punto constante de tránsito de los ejércitos romanos que se desplazan a la Lusitania o a otros lugares de la Celtiberia. Hacia el año 150 a.C. se lucha contra Viriato en los límites de la Carpetania.

En la región madrileña -que quedó incluida en la provincia Cartaginense-, su población, seguramente numerosa, ocupó las cuencas del Manzanares, Jarama, Tajuña y Henares, y se distribuyó en un corto número de asentamientos urbanos, el principal de los cuales fue Complutum. Menor entidad tuvieron Termida (¿Tielmes?), Varada (¿Barajas?), Miacum (hacia la Casa de Campo actual), Titulcia (importantísima encrucijada de comunicaciones cercana a Aranjuez) y Mantua (todavía sin localizar; ¿podría tratarse de Villamanta? ¿habría que alejarlo hasta Collado-Villalba?).

Se da comienzo entonces a un lento proceso de romanización que, paulatinamente, iría sustituyendo algunos de los asentamientos urbanos ya existentes, localizados en lugares elevados, por otros de carácter rural situados en valles fluviales. El proceso se acentúa a partir de los siglos IV-V: las ciudades dejan de tener el atractivo suficiente para los grandes señores y pierden habitantes en favor de los asentamientos agrícolas de la primera época -poco a poco adaptados a las comodidades que requiere el señor, su familia y sus invitados- y se inicia un proceso imparable de ruralización, llegando a desaparecer lugares urbanos como Miacum y Titulcia.

Surgirán, así, las villae, grandes explotaciones agrícolas con un alto grado de autosuficiencia que reunían un buen número de colonos (Villaverde, Carabanchel, Jarama-Henares, Torre de Abén Crespín, etc.), y los posteriores vicus, ya con el carácter de pequeños poblados.


Detalle del mosaico del auriga (Villa del Val,
Alcalá de Henares)

Foto: A. Méndez
 

Imagen de Silvano
(villa romana de
Villaverde Bajo)

LAS VILLAE ROMANAS

Las villae eran pequeños asentamientos de carácter agrícola que se situaban en las proximidades de las vías de comunicación y de los ríos, sobre una terraza algo elevada que alejaba el peligro de inundaciones en épocas de crecida de aguas, y cerca de zonas de bosque o monte bajo que permitían disponer con facilidad de leña y caza. El río aportaba no sólo pescado fresco sino también agua para el riego de la huerta y el funcionamiento de los molinos y las termas, y en las terrazas más altas se cultivaban cereales, vides y olivos. En lo relativo a la caza, se practicaba con asiduidad en los terrenos próximos a las villae; en los restos documentados de algunas de ellas se han identificado ciervos, jabalíes, cabras montesas, conejos, liebres y perdices. El conjunto de todos estos aprovechamientos posibilitaba que cada villae fuera una entidad prácticamente autosuficiente.

Estaban compuestas por las dependencias señoriales, articuladas en torno en torno a un peristilo -semicircular, octogonal o rectangular- y dotadas de elementos lujosos que trataban de reflejar el estatus de su dueño -mosaicos, estatuas, estucos-, y por los edificios de trabajo y habitaciones de la servidumbre, generalmente separados de aquéllas.

En estas villae tenía gran importancia la cría de caballos, que encontraban en las vegas de los ríos madrileños un lugar óptimo para su crianza; es posible que esta lucrativa actividad tuviera por finalidad la utilización de dichos animales en los espectáculos del circo.

Las villae más notables que se han conservado son las de El Val, Villaverde Bajo, La Torrecilla, Carranque, Valdetorres del Jarama, etc.

LOS VICUS

Algunos de los yacimientos identificados en nuestra región son verdaderas ciudades de varias hectáreas de extensión, con fuertes sistemas defensivos -no simples empalizadas- constituidos por varios recintos y fosos. Están realizados con muros de mampostería y sillería de más de tres metros de espesor. Sin embargo, se desconoce la distribución del espacio urbano dentro de ellas.

Sí se sabe, en cambio, que las casas tenían planta rectangular o cuadrada y un tejado a una sola vertiente. Se construían sobre un zócalo de piedra -generalmente, sillarejo unido con barro- y sus muros eran de adobe trabado con barro y cal. Estaban compuestas por varias dependencias, con hogar en por lo menos una de ellas.

Era tradición romana enterrar a los difuntos a lo largo de las calzadas, a la salida de los poblados.

VÍAS ROMANAS EN LA COMARCA

Desde el primer momento, la provincia madrileña adquirió una gran importancia por su situación estratégica dentro de la red viaria, convirtiéndose en lugar destacado de paso. La "V" que forman los ríos Manzanares y Henares es confluencia de tres vías naturales de comunicación: hacia el noreste, la que se dirige por terreno llano hacia Zaragoza; hacia el noroeste, la que cruza el Sistema Central a través de dos ramales -uno, por Guadarrama, y otro por Navacerrada- en dirección a Salamanca y Valladolid; y hacia el sur, la que busca Toledo. En la localidad de Titulcia confluían tres importantes calzadas romanas que materializaban, de forma bastante aproximada, estas vías naturales: nacían en Emérita (Mérida) y, desde Titulcia, marchaban hasta Cesaraugusta (Zaragoza) en un tramo único:


La provincia de Madrid durante las épocas romana, visigoda y musulmana

- Gran vía del Duero (vía 24 del Itinerario de Antonino): Venía de Segovia, entraba en Madrid por el puerto de Fuenfría, atravesaba el río Guadarrama y seguía su ribera izquierda, pasaba por Miacum, continuaba por la ribera derecha del Manzanares -sin llegar a cruzarlo nunca- y, tras el codo meridional del río, enfilaba en dirección sureste hasta Titulcia.

- Vía de Toledo (vía 25): Venía de Toledo, continuaba por la ribera derecha del Tajo, cruzaba sucesivamente los tramos finales del Jarama y del Tajuña y terminaba en Titulcia.

- Vía meridional (vía 29): Venía de Miróbriga, Sisapo y Laminium.

No hay todavía acuerdo acerca del trazado exacto de estas vías ni de la localización precisa de Miacum y Titulcia, pero lo que resulta evidente es la ubicación del futuro Madrid en pleno centro de esta encrucijada de caminos.


 

ALDEA VISIGODA

En las recientes excavaciones arqueológicas realizadas en la plaza de la Armería bajo la dirección de Esther Andréu Mediero se encontró un esqueleto cuya datación lo sitúa en época preislámica. No conocemos todavía el informe técnico final de la intervención, por lo que de momento no se puede precisar el alcance real de este hallazgo.

La entrada por los Pirineos de varios pueblos germánicos -año 409, sin apenas resistencia- marca el fin del periodo romano; alanos y vándalos se internan en la Meseta siguiendo la vía Cesaraugusta-Emerita, pasando por Complutum. En el 455 Teodorico II entra en Hispania al mando de tropas visigodas y derrota a los suevos. Unos años después -494 a 497, sobre todo- efectúa su entrada el grueso del pueblo visigodo, que se establece en la Meseta castellana, elegida quizá por la pequeña densidad demográfica allí existente en aquellos momentos y sus buenas expectativas de desarrollo ganadero, y en ella se establecen guarniciones militares que puedan garantizar la seguridad de los principales centros de poder y la comunicación con el reino de Tolosa. Para ello es básico el control sobre la vía romana citada y las ciudades ubicadas en la misma.

La población de la comarca madrileña va quedando situada, poco a poco, alrededor de los cursos bajos del Jarama y del Henares y junto a las calzadas romanas, habitando las granjas agrícolas o los vicus ya existentes en el periodo anterior; el hábitat es disperso, reutiliza estructuras anteriores y cuando se construyen nuevas se suelen hacer con materiales perecederos. Toledo, sede episcopal y capital del nuevo reino visigodo, ve incrementada su importancia, y, dentro de nuestra región, sólo la mantienen Complutum (municipio y sede de obispado, y, además, único núcleo urbano plenamente confirmado por los hallazgos arqueológicos) y, en mucha menor medida, Talamanca (posible centro urbano). Simultáneamente, la zona montañosa del norte de la comarca ve aparecer pequeños núcleos que ahora vuelven a buscar enclaves elevados, con una orientación más ganadera que agrícola. Es posible que Titulcia y Miacum hayan desparecido en este periodo.

La información disponible sobre la ocupación visigoda de nuestra comarca se ha basado, hasta hace muy poco tiempo, en los restos encontrados en las numerosas necrópolis estudiadas. Recientes investigaciones en las dehesas de Colmenar Viejo, en el poblado de Gózquez (San Martín de la Vega), en El Bolao y Navalvillar, en Leganés o en Alcalá de Henares arrojarán mayor luz sobre la organización del espacio y la estructura de las viviendas.

La red viaria que se sigue utilizando es la romana, aunque es probable que fuera sufriendo un progresivo deterioro por la falta de reparaciones y la desaparición de algunos núcleos de población, tanto urbanos como rurales.

Los enterramientos se realizan en fosa: en los primeros momentos, por pervivencia pagana, el difunto se entierra con su vestimenta personal; en épocas posteriores en las que ya predomina el rito cristiano, el muerto será enterrado solamente con un sudario y, excepcionalmente, con ofrendas de vasos conteniendo óleos.

RESTOS ARQUEOLÓGICOS EN EL SOLAR MEDIEVAL Y SUS CONTORNOS

En la antigua colonia del Conde de Vallellano -paseo de Extremadura, junto a la Casa de Campo- se ha localizado una necrópolis visigoda compuesta por fosas y cistas, de la que se recuperaron una fíbula y dos broches de cinturón -fechados entre los años 530 y 550- y otros materiales metálicos. Y también hubo otra necrópolis en Tetuán de las Victorias, de la cual parece proceder un broche de cinturón que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional.

Dentro del recinto medieval sólo hay constancia de la lápida -bastante deteriorada y con lagunas en el texto- encontrada en 1618 en el claustro de la iglesia de Santa María y citada por Quintana, Vera Tassis y González Dávila, con la inscripción "MIN. BOKATUS. INDIGNVS. PRS. IMO / ET TERTIO. REGNO. DOMNO. RVD. / MI. REGVM. ERA DCCXXXV", nunca completada e interpretada al gusto de todos, pero que bastantes autores consideran fiable como prueba de que alrededor del año 700 ya existiera población visigoda asentada en Madrid.

MATRÍCE

Pudo ser entonces, pues, hacia el siglo VII, cuando apareció Madrid, vicus rural y humilde pero situado en un lugar muy apropiado. Aunque no existe confirmación arqueológica dentro del posterior casco medieval, se supone que la aldea surgió en los alrededores de la parte alta de la calle de Segovia, a ambos lados del arroyo de San Pedro (de dicho arroyo, precisamente, recibió su nombre prerromance el poblado: Matríce). Este enclave sería abrigado, de fácil acceso y muy favorable para los asentamientos humanos, pues había en sus proximidades numerosas fuentes naturales y varios arroyos (el principal de ellos, el luego denominado "de las Fuentes de San Pedro"). Además, en dirección a poniente se extendía una amplia vega cultivable: primero, en la zona más cercana, los después conocidos como huertos del Pozacho, e inmediatamente después, la propia vega del río Manzanares.

Se acepta también que hacia el sur del vallejo, en la misma ubicación que luego mantendría la iglesia de Santa María, existiera un pequeño oratorio o ermita en la que se veneraba a Nuestra Señora.

Hubo de ser una aldea de gentes dedicadas a la caza y al pastoreo, que procederían de la dispersa población del valle del Manzanares. Su asentamiento no a orillas del propio río -que nunca ha sido aprovechado como tal por el núcleo urbano- sino junto a un arroyo o afluente suyo coincide con el de otros lugares cercanos como Vallecas (arroyo de la Gavia), Villaverde (arroyo Butarque), Carabanchel (arroyo de Prado Longo), Miacum (arroyo Meaques), Pozuelo (arroyo de igual nombre), etc.


 

FORTALEZA ISLÁMICA

En el verano del año 711, un ejército de tropas árabes y tribus bereberes del norte de África, al mando de Tariq, atravesaron el estrecho de Gibraltar y ocuparon sin excesiva resitencia buena parte del territorio peninsular. La extrema debilidad del reino visigodo y la propia ayuda -a cambio de prebendas- de ciertos sectores de su nobleza permitieron que la conquista fuese rápida. Las campañas del propio Tariq (años 711, 713 y 714) y de Muza (712, 713 y 714), entre Toledo y Zaragoza, atravesaron la región madrileña en dirección a Guadalajara (Wadi-al-Hadjara). La entrada en la comarca, desde el valle del Tajo, se produjo a lo largo de los valles del Guadarrama y del Jarama, en cuyas riberas -sobre todo, en la de este último río- se fueron asentando los musulmanes. En tan sólo tres años, la línea principal de resistencia cristiana se alejó hasta Huesca, Palencia y río Duero.

En muy poco tiempo se produjo en la población visigoda un proceso de aculturación y mestizaje, pues aceptaron pronto la cultura y religión de los conquistadores. Se originó así el estado de al-Andalus, territorio que inicialmente fue dependiente de los califas omeyas de Damasco. En el año 756, Abd-al-Rahman fue elegido emir y estableció la capital en Córdoba.

Inicialmente, la comarca madrileña quedó integrada en la provincia de Tolaitola, y durante el emirato de Córdoba (756-929), en la de Ax-Xerrat. Fue en el último tercio de este periodo cuando nuestra pequeña aldea preislámica de campesinos habrá de convertirse en ciudad. A mediados del siglo IX, con buena parte de la península ocupada ya por los musulmanes, el emir de Córdoba Muhammad I decide fundar una serie de ciudades, fortificando varios asentamientos cercanos a Toledo, punta de lanza en esos momentos del avance islamita frente a la extensa franja de "tierra de nadie" que separaba la zona ya conquistada por los musulmanes de la que todavía dominaban los reinos cristianos del norte; estas nuevas ciudades servirían, así, de defensa ante las incursiones militares que todos los veranos los cristianos realizaban contra al-Andalus (de hecho, desde mediados del siglo IX estas incursiones cristianas habían llegado al valle alto del Henares -Guadalajara-). Al mismo tiempo, dichas fortificaciones ayudarían a controlar las frecuentes rebeliones de los habitantes de Toledo, musulmanes y mozárabes, contra el Estado cordobés.

Así, surgen de nueva planta o se fortifican Madrid -en fecha incierta entre los años 852 y 865, durante la primera mitad el emirato de Muhammad I-, Talamanca del Jarama, Talavera de la Reina, Zorita de los Canes, Peñafora y Calatrava la Vieja. En el caso de Madrid, su importancia estratégica se acrecentaba por estar situada en una de las variantes medievales del camino romano que enlazaba Mérida con Zaragoza pasando por Toledo. Con ello, Madrid se convirtió en lugar de concentración de tropas para expediciones de castigo califales al territorio castellano y leonés, es decir, en un ribat o puesto fronterizo de la Marca Media de al-Andalus. Más adelante, ya en el siglo X, Madrid pasará a formar parte del reino de taifas de Toledo, que comprendía todos los territorios de la Marca Media del Califato.

Está documentada la llegada a Madrid, el año 977, del estratega Ibn Abi 'Amir (el futuro Almanzor), para reunirse aquí con Galib, jefe en Medinaceli de la frontera, y dirigir la victoriosa expedición a Mola (quizá un enclave en tierra soriana, más allá de la Sierra del Guadarrama), de la que resultó la conquista de la fortaleza.

Por adaptación fonética al árabe, el nombre visigodo Matríce de la aldea preexistente se tornó en Magrit/Mayrit.

RED VIARIA MUSULMANA

La red viaria utilizada por los musulmanes habría de ser la misma existente desde época romana y visigoda -aunque es seguro que algunas de las vías principales y casi todas las secundarias estarían muy deterioradas-, factor que seguramente favoreció la rapidez de la conquista. Al mismo tiempo, la aparición de nuevos núcleos de población obligó a habilitar otros caminos, esta vez tomando la propia ciudad de Madrid como punto estratégico de confluencia; fue nuestra futura villa la que sustituyó a la desaparecida Titulcia en ese papel de cruce de caminos:

- VÍA DE MÉRIDA A ZARAGOZA, PASANDO POR TOLEDO: Continúa siendo una vía de gran importancia, pero el tramo entre Toledo y Alcalá de Henares deja de pasar por Titulcia y toma un nuevo trayecto: Toledo, Torrejón de la Calzada, Parla, Getafe, Madrid, Rivas y Alcalá.

- RUTAS DE LA SIERRA: Tuvieron por misión enlazar Madrid con los principales pasos de la sierra y poder controlar, así, los movimientos cristianos que se pudieran producir en su ladera noroeste:

1. Vía del Jarama, que enlazaba Madrid con el puerto de Somosierra, pasando por Alcobendas, Talamanca y Buitrago.
2. Vía del puerto de la Fuenfría/Navacerrada, que enlazaba Segovia con Toledo por Galapagar, a lo largo del valle del Guadarrama. El enlace desde Madrid se producía en Calatalifa (Villaviciosa de Odón).
3. Vía del puerto de Guadarrama, que desde Madrid alcanzaba este puerto, pasando por Las Rozas, Torrelodones y Collado Villalba.

- VÍAS DEL SUR: Es probable que, en dirección sur, un camino enlazara Madrid con San Martín de la Vega, Chinchón y Colmenar de Oreja. Y que otro, girando un poco hacia el soreste, uniera Madrid con Arganda.

LAS ATALAYAS

Además de los núcleos de población creados o ampliados por los musulmanes, también construyeron éstos (seguramente alrededor del año 950) una serie de atalayas en la zona norte y noreste de la comarca. Eran torres cilíndricas, con acceso por encima del nivel del suelo -alrededor de 2 metros sobre él-, y dos o más pisos interiores; a la puerta elevada se accedía desde el exterior mediante una escalera de mano. Los muros eran de mampostería concertada, con zarpas en el nivel de los cimientos; todas conservan en su interior los huecos en los que se encajaban las vigas de madera que sostenían sus pisos. Su misión era controlar el acceso a los valles habitados, evitando que los cristianos se internaran por ellos desde el norte.

Se situaban en cotas que oscilan entre los 800 y los 1.000 metros, y cuando formaban un grupo, se disponían a una distancia no superior a los dos kilómetros, lo que permitía que se pudieran visualizar entre si. La comunicación entre ellas se realizaba mediante señales de humo o espejos, y estaban custodiadas por una pareja de soldados como máximo:


Atalayas musulmanas

- VALLE DEL JARAMA: Alrededor de Talamanca, controlando los accesos al puerto de Somosierra desde el valle del Jarama, se situaron cinco atalayas:

El Molar, ya desaparecida.
El Vellón
. Tiene 6 metros de diámetro y 9 de altura, con muros de mampostería de 1 metro de espesor y puerta de acceso a 2,5 metros del suelo; tenía tres pisos.
Venturada. Es la única que tuvo piso de madera al nivel de la puerta, posiblemente porque su colocación sobre rocas de granito hizo innecesario el espacio macizo que aparece en las otras. El perfil, de cuatro cuerpos, es ligeramente escalonado. El cuerpo superior ha desaparecido casi por completo.
Arrebatacapas (término de Torrelaguna): Es la mejor conservada, con una altura de 11 metros y 6 de diámetro; tenía cuatro pisos situados sobre otro macizo, a cuyo nivel se encontraba la puerta.
Torrepedrera
(término de El Berrueco): Es de forma troncocónica, con tres pisos. El espesor del muro disminuye desde 1,5 m. en la base hasta 1 m. en la coronación. Se utiliza en la actualidad como puesto de vigilancia contra incendios.

ATALAYAS DE LA COMUNIDAD DE MADRID

El Vellón
 

Venturada
 

Arrebatacapas
 

Torrepedrera
 

Torrelodones

- VALLE DEL GUADARRAMA: En la entrada norte a este valle, controlando el acceso desde los puertos centrales de la sierra de Guadarrama, estuvo la de Torrelodones, con un cuerpo lateral de planta rectangular, y que en la actualidad queda aislada del grupo anterior. Sin embargo, una serie de topónimos existentes entre ésta y la de El Molar (Torralba -El Molar-; Atalayuela -Algete-; Alcobendas; Casa de la Atalaya, Torrelaparada y Atalayuela de El Pardo -El Pardo-) parecen sugerir que hubiera otras atalayas entre ambas, con lo cual la línea de torres habría discurrido continua desde El Berrueco hasta Torrelodones.

MAYRIT: ATALAYA Y RIBAT

En todo este contexto, Oliver Asín sugiere que la fortaleza de Madrid haya sido en época musulmana, básicamente, una atalaya integrada en la compleja red de torres vigía que se construyeron para controlar los accesos al valle desde la sierra. Guiándonos por los topónimos de la comarca, se puede suponer que, además de las enumeradas en el apartado anterior, existieran otras muchas repartidas por el territorio; todas ellas habrían formado, en conjunto, una densa línea de puestos de vigilancia paralela, en dirección sudoeste-noreste, a la sierra de Guadarrama. Si hubiera sido así, podríamos hablar de tres líneas principales de atalayas:

- CURSOS BAJOS DEL GUADARRAMA Y JARAMA: Entre ambos ríos se encontraban Borox, Torrejón de Illescas, Torrejón de Velasco y Torrejón de la Calzada; algo más al norte, en el curso bajo del Manzanares, Torre el Pedroso, Torre de Abén Crespín, Torrecilla y Madrid.
- VALLE DEL JARAMA: Torrejoncillo, Atalayuela de Algete, Valdetorres, Talamanca, Torrelaguna, Torremocha, y Tortuero.
- VALLE DEL HENARES: Torrejón de Ardoz, Torres de la Alameda, Torre Bermeja, Bujes, Villanueva de la Torre, Torote y Torrejón del Rey (ambas centradas entre el Henares y el Jarama), Tórtola, Torre del Burgo, Bujalaro, Torremocha, Torrecuadrada y Torresaviñán.

Paralelamente al carácter expuesto, es muy probable que Madrid fuera durante esa época un ribat o fortaleza a la que acudían los musulmanes con el fin de cumplir el precepto de la guerra santa: al-Himrayi dijo de ella que era "una pequeña ciudad y una muralla inexpugnable, con una mezquita (...)".

Hay noticias de cinco musulmanes cordobeses que vienen a Madrid ya en el año 887 para hacer la guerra santa: Abu Ishaq Ibrahim ibn Muhammad ibn Baz (conocido por al-Qazzaz, era la máxima autoridad de su época en la ciencia de la lectura alcoránica, de la que fue introductor en España; le acompañaban los cuatro restantes, discípulos suyos), Ahmad (su hijo), Abu 'Abd Allah ibn 'Abd al-Barr, Ahmad ibn Jalid y Ahmad ibn Abi Zur'a.

Otros musulmanes que vinieron a Madrid con el mismo propósito son:

- Muhammad ibn Hunayn: Jurisconsulto de Écija. Tras viajar a La Meca se asentó en Madrid como murabit (individuo que trata de alcanzar los méritos espirituales haciendo la guerra santa contra los infieles). Murió aquí, en combate contra los cristianos.
- Abu Maymuna Darras ibn Isma'il (?-967): Fue el alfaquí más prestigioso de Fez; luchó en Madrid como tagri (combatiente de la frontera).
- Abu al-Mutarrif 'Abd al-Rahman ibn Jalaf ibn Salmun al-Tuyibi (925-?): Nació en Uclés, pero pasó en Madrid buena parte de su vida, y aquí se formó como tradicionista. Combinó el ejercicio de las armas con el de las letras.
- Yassas al-Zahid: Natural de la ciudad marroquí de Tafilete, se avecindó en Madrid a fines del siglo X y ejerció magisterio explicando libros de ascética.
- Musa ibn Qasim ibn Jadir (?-1051): Fue un tradicionista toledano. Murió combatiendo con los cristianos a orillas de la desembocadura del Manzanares en el Jarama, en batalla llamada de Fahs al-Madina ("el campo o dehesa de la ciudad de Madrid", hoy Salmedina).
- Abu-l-Walid Yunus ibn Ahmad ibn Yunus al-Azdi (?-1081): Natural de Toledo, se le conocía como Aben Chueco o Aben Choco ("el hijo del tuerto" o "del patizambo"), y se le respetaba como a un santón. Murió en Madrid.

CIUDAD AGRÍCOLA

Pero no fue el carácter militar lo único que diferenció a la ciudad musulmana Mayrit de la precedente aldea visigoda Matríce. Desde el punto de vista económico, el poblado cazador y ganadero se convirtió en una ciudad agrícola con importantes núcleos de labradores y hortelanos, y rodeada por una tupida vegetación. Varios siglos después de la época musulmana los documentos todavía se hacen eco de tal hecho: las Ordenanzas de 1380 hablan de huertos, viñas, prados dehesados, ejidos, sotos, panes, moras, ciruelas, granadas, cerezas, higos, nueces, manzanas, almendras, aceitunas, etc.

En relación con este carácter agrícola hay que mencionar la presumible existencia ya en tiempos musulmanes de los famosos viajes de agua de Madrid, canalizaciones artificiales y subterráneas que conducían el agua del subsuelo desde zonas a veces muy alejadas hasta los lugares de consumo dentro de la propia ciudad. No hay, sin embargo, ninguna referencia de los geógrafos árabes sobre estos viajes; la primera posible noticia sobre ellos se encuentra en el Fuero de 1202, cuando el artículo LXXXIII prohíbe lavar tripas "del alcantariella de sancti Petri ad ariba". Oliver Asín afirma, aunque no lo creemos definitivo, que esta alcantarilla de San Pedro sería el tramo último -aunque quizá el primero construido- del viaje del Bajo Abroñigal.

CENTRO CULTURAL

Por último, es necesario mencionar la supuesta -pero muy poco probable- existencia en Mayrit de una Escuela de Matemáticas y Astronomía, quizá documentada en 1004, que presumiríamos creada a la sombra de Maslama al-Mayriti, notabilísimo hombre de ciencia nacido en nuestra ciudad, del cual damos en otro lugar extensa noticia. Además de él, otros madrileños ilustres en el campo del conocimiento fueron:

- Abu'Utman Sa'id ibn Salim al-Mayriti (?-986): Fue un hombre prudente y virtuoso, discípulo de notables tradicionalistas en Guadalajara y Toledo. Compaginó su dedicación a la enseñanza con la participación en la vida religiosomilitar de la frontera madrileña. Murió en Madrid.
- Abu Muhammad 'Abd Allah ibn Sa'id al-Mayriti (?-999/1000): Fue tradicionalista, y ejerció su magisterio en Toledo y Córdoba. Murió en Oriente.
- Abu Nasr Harun ibn Musa ibn Salih ibn Yandal al-Qaysi: Fue un literato y gramático que se avecindó en Córdoba. Era "hombre de cuerpo mediano, virtuoso, retraido, serio, prudente, respetuoso y de gran cultura".
- Abu al-Mutarrif 'Abd al-Rahman ibn 'Abd Allah ibn Hammad (939-1016): Perteneciente a la familia de los Banu Hammad, fue "hombre virtuoso, devotísimo, casto y humilde", poseedor de una sólida cultura y formado en las doctrinas de eminentes filólogos, jurisconsultos e historiadores.
- Abu Ya'qub Yusuf ibn 'Abd al-Rahman ibn Hammad (1004-1081): Hijo del anterior, fue un experto calígrafo y especialista en partición de herencias, materia ésta que estudió en Trípoli. Murió en Madrid.
- Abu-l-Abbas Yahya ibn Muhammad ibn Faray ibn Fath (?-1121): Conocido por Ibn al-Hayy, fue muy competente en literatura y lenguas árabes. Perteneció a la ilustre familia madrileña de los Banu al-Hayy. Gran parte de su vida transcurrió en Madrid, de donde debió de alejarse con ocasión del cerco de Alfonso VI; murió en Córdoba.
- Abu-l-Hasan 'Abd al-Rahman ibn 'Isa ibn 'Abd al-Rahman ibn 'Isa ibn al-Hayy (1080-1146): Se le conoció como al-Mayriti. Perteneció a la misma familia de los Banu al-Hayy. Fue jurisconsulto y ejerció el cargo de cadí de Ronda.
- Abu-l-Abbas Yahya ibn 'Abd al-Rahman ibn 'Isa ibn 'Abd al-Rahman ibn al-Hayy al-Qurtubi (1126-1208): Fue hijo del anterior, y también apodado al-Maytiti, aunque creemos que ya nació en al-Andalus. Fue cadí de Jaén, Murcia, Granada y Córdoba. Fue uno de los hombres más eminentes de Córdoba, donde enseñó lectura alcoránica y tradiciones. Murió en la misma capital del califato.

- Abu 'Umar Ahmad ibn Muhammad ibn 'Abd Allah ibn Abu 'Isa Lubb (Lope) ibn Yahya ibn Qarluman (951-1038): Aun cuando no nació en Madrid sino en la cercana Talamanca, lo incuimos aquí por la proximidad de su cuna y por sus frecuentes contactos con madrileños. Se le conoce como 'Umar al-Talamanki, y fue un importantísimo tradicionalista, jurisconsulto, historiador y comentarista del Corán. Se formó en Córdoba (donde fue imán de la mezquita), Medina y El Cairo. Fue perseguido por sus doctrinas teológicas, alcanzando la absolución en 1034. Murió en su ciudad natal.

EL GOBIERNO DE MAYRIT

Madrid, plaza militar importante en aquella época, tenía su propio gobernador, que era nombrado por el califa de Córdoba. Afortunadamente, ha quedado constancia de los nombres de algunos de estos gobernadores, cargo que se renovaba con cierta frecuencia:

- 'Abd Allah ibn Muhammad ibn 'Ubayd Allah: Es el más antiguo que conocemos, poseedor del cargo desde el año 929.
- Ahmad ibn 'Abd Allah ibn Yahya al-Layti: Fue descendiente de una ilustre familia cordobesa de jurisconsultos, y detentó el gobierno de la ciudad por dos veces. Era una importante figura consagrada a la ciencia, experto en filología y poesía. El año 936, ejerciendo todavía el gobierno, murió en una emboscada al regresar de un combate contra los cristianos; fue enterrado en Talamanca.