LA COMARCA DE MADRID
DURANTE
LA PREHISTORIA


PALEOLÍTICO (hasta 10.000 a.C.)

La comarca madrileña es especialmente rica en yacimientos paleolíticos -una de las áreas de la península con mayor concentración en depósitos de este tipo-, pues su densa red fluvial favoreció la temprana existencia de asentamientos humanos y el movimiento de gentes entre las dos mesetas. Además de los restos encontrados en excavaciones desde finales del siglo XVIII, ya los cronistas medievales se hicieron eco de tal hecho: el historiador hispano-musulmán ibn Idhari, que vivió hacia 1270, relataba cómo al construir la muralla madrileña se encontró un "monstruo" de tamaño descomunal en el foso que se abrió para los cimientos.

Se cree que fue un periodo de intensa ocupación del territorio por parte de pequeños grupos de cazadores-recolectores, con economía depredadora y gran movilidad, forzada por la carencia de sistemas de almacenamiento generalizados. Sus campamentos no eran estables y se localizaban casi en exclusiva en valles fluviales -riberas y terrazas de los ríos-, por las facilidades de comunicación que brindaban y por la abundancia en ellos de agua y materias primas. Estos campamentos se mudaban, seguramente, en función de actividades de carácter estacional. Las actividades conocidas de estas gentes se centran en la recolección de productos vegetales, caza de animales, explotación de los recursos fluviales y transformación de las materias primas. Se han encontrado, por ejemplo, acumulaciones de restos de animales asociados a la industria lítica, interpretadas como zonas para el despedazado de grandes mamíferos (básicamente elefantes) obtenidos mediante caza directa o carroñeo.

Desde el siglo XIX se han venido estudiando los depósitos clásicos de los ríos Manzanares y Jarama, a los que hay que añadir otros nuevos en la sierra y zona norte de la Comunidad. Los poblamientos más antiguos conocidos datan del Pleistoceno medio, y se sitúan aguas abajo de Aranjuez, en en las terrazas del río Tajo, y en Arganda del Rey, en el valle del Jarama; se les atribuye una edad cercana a los 350.000 años. Aun careciendo de restos humanos, es presumible que sus pobladores pertenecieran "Homo erectus", la misma que se ha documentado en el yacimiento de Atapuerca (Burgos).


Bifaz de sílex (yacimiento de Arriaga) Foto: J. Latova

Mandíbula de elefante
Foto: J. Latova

PALEOLÍTICO INFERIOR (hasta 100.000 a.C.):

El clima sería templado, y la fauna estaría compuesta por elefantes, caballos, uros, rinocerontes, hipopótamos, ciervos y gamos. El medio físico era boscoso, en alternancia con extensas praderas. Se han conservado restos de cuevas y abrigos en el norte de la comarca, como el yacimiento de Pinilla del Valle (con restos humanos fósiles datados entre los años 200.000 y 150.000 a.C.), y la Cueva del Reguerillo, únido yacimiento con arte rupestre paleolítico de nuestra Comunidad. El complejo industrial del Achelense es el mejor caracterizado: macroindustrias laminares (bifaces, cantos trabajados, triedros, hendedores).

Los principales yacimientos paleolíticos de la comarca madrileña son, para este periodo, los siguientes:

- Valle del Manzanares: Cerro de San Isidro, Transfesa, Arenero de Oxígeno, Arenero de Arriaga I y II, Areneros de Perales del Río, Areneros de Orcasitas, Areneros de Soto e Hijos, La Gavia.
- Valle del Jarama: Las Acacias, Áridos I y II, Redueña.
- Valle del Tajo: Areneros de Aranjuez y Las Cien Fanegas.

PALEOLÍTICO MEDIO (100.000 - 50.000 a.C.):

En este periodo el clima se vuelve más riguroso, y predominan especies como el mamut y el rinoceronte lanudo, bien adaptadas al frío y a la humedad escasa. Se han encontrado útiles sobre lascas (raederas, puntas, denticulados).

Yacimientos correspondientes a este periodo:

- Valle del Manzanares: Arenero de La Parra, Arenero de López Cañamero, Areneros de Atajillo y Atajillo del Sastre, Arenero de La Casa del Moreno, Arenero de El Almendro, Arenero de La Torrecilla, Arenero de Parador del Sol, Arenero de La Fuente de la Bruja, Arenero de Valdivia, La Perla, Canteras de Vallecas.
- Valle del Jarama: Los Cenagales, El Negralejo, La Dehesa.

PALEOLÍTICO SUPERIOR (50.000 - 10.000 a.C.):

Se han conservado productos laminares y útiles (raspadores, buriles, hojas). Parece que la población de toda la Meseta central disminuyó a partir del último Paleolítico, prolongándose esta escasa ocupación de la zona hasta las primeras comunidades agrícolas y ganaderas del Neolítico.

Principales yacimientos: El Sotillo, Las Delicias, Cueva del Reguerillo (Patones), etc.


 

NEOLÍTICO (5.000 - 2.500 a.C.)

En la comarca madrileña se han conservado valiosos ejemplos de yacimientos neolíticos y megalíticos. Los primeros, que corresponden a los primeros grupos de campesinos que sucedieron a los cazadores del Paleolítico, están localizados en la región oriental de la comunidad. Los megalíticos se concentran en las tierras de la presierra del norte de la Comunidad y se caracterizan por enterramientos en grandes monumentos de piedra. Es muy probable que esta nítida división del espacio no sea casual y responda a la gestión de dos núcleos territoriales por parte de dos grupos culturales bien diferenciados

Esta diferenciación tiene su origen en la estructuración del territorio que comienza a producirse durante el Neolítico, y que se irá consolidando conforme transcurre el tiempo. El esquema de poblamiento es estacional, con movimientos cíclicos entre los poblados al aire libre de los valles fluviales y las cuevas/abrigo de la presierra. En las primeras fases, las cuevas se utilizan como refugios ocasionales durante las temporadas de caza y para la vigilancia del ganado; hacia el final del periodo se usarán también con fines funerarios.

En lo relativo a la economía, comienzan a producirse alimentos para el consumo (cereales y leguminosas) y a domesticarse animales (perros, cabras, ovejas). Se generaliza el uso de objetos pulimentados (hachas, azadas) para su uso agrícola, y de recipientes de grandes dimensiones para el almacenamienton de alimentos.


Cerámica neolítica del Arenero de los Vascos

YACIMIENTOS NEOLÍTICOS

Están ubicados en tas tierras bajas del curso inferior de los ríos Jaramas y Manzanares: poblados de los areneros de Valdivia, Pedro Díez Cardiel, Vascos o Áridos, San Martín de la Vega 1 y 2 y la Deseada. Este último presenta cabañas de planta circular, seguramente con entramado vertical de madera y barda, similares a las utilizadas hasta fechas recientes por los pastores trashumantes; disponían también de hogares interiores y pozos anejos (graneros, silos o basureros). En el arenero de Valdivia (a las afueras de Madrid capital) se han localizado los restos de una sepultura individual en fosa -principal forma de enterramiento durante el Neolítico-, con restos humanos, una vasija globular con boca de garrafa y un brazalete de pizarra pulimentada: fue la primera sepultura neolítica descubierta en la Meseta.

YACIMIENTOS MEGALÍTICOS

Se localizan en el curso medio y alto del Jarama, cerca ya de los pasos de sierra del Sistema Central: yacimientos de superficie de Arroyo del Cerezo y Olivares, relacionados con las cuevas de La Ventana, de La Higuera y del Aire, y emparentados con el núcleo de Valdesotos-Tamajón (Guadalajara). En la cueva de La Ventana existían cortavientos verticales de entramado vegetal y fuegos asociados; se han encontrado en ella, además, restos de cereal (quizá procedentes de un campamento base en la vega del río) y restos óseos de la fauna consumida (complemento alimenticio obtenido mediante caza).


 

EDAD DEL COBRE (2.500 - 1.800 a.C.)
Eneolítico o Calcolítico

Ya desde el último milenio del Neolítico se modifica sustancialmente el patrón de asentamiento y las actividades de los primitivos habitantes de la región. El paisaje social se territorializa, y grupos familiares reducidos se apropian de las tierras y pastos que necesitan para su propia supervivencia: las propias condiciones económicas hacen necesario restringir el acceso al territorio explotado por cada poblado (campos de cultivo, pastos, agua, frutos silvestres, cazaderos).

La economía, ya fundamentalmente agrícola, se basa en la produccción de cereales (trigo y cebada) y leguminosas, cría de ganado (oveja, cabra, cerdo y vaca, utilizados también para la obtención de productos secundarios: leche, queso, lana), caza mayor y menor y recolección de frutos silvestres, conservación de los productos vegetales en silos subterráneos.

Las condiciones climáticas son similares a las actuales, aunque algo más frías, con alternancia de periodos de fuertes precipitaciones y otros de severa sequía.

POBLADOS

Los poblados de la Edad del Cobre son los primeros permanentes de la Prehistoria madrileña. Son los tradicionales "fondos de cabaña" -documentados, por ejemplo, en El Capricho (Alameda de Osuna)-, con una gran variedad de estructuras subterráneas de planta circular u oval utilizadas como fosas de almacenaje, hogares o eventualmente vivienda. No eran elementos aislados y desestructurados, sino que se integraban en una red de caminos, veredas y zonas de cocina, taller y cultivo. Las viviendas se construían excavando una zanja perimetral de planta circular e insertando en ella un entramado vegetal que sostenía la techumbre. La estructura completa se sellaba y aislaba del exterior mediante barro mezclado con paja o abono, originando una pared compacta y sólida. El interior quedaba organizado en torno a espacios dedicados a la preparación de alimentos, almacenaje subterráneo, etc.


Cabaña circular calcolítica de
Fuente la Mora (Leganés)
 

Reconstrucción de la cabaña calcolítica de La Alameda (Barajas)

En excavaciones recientes se ha encontrado otro tipo de poblado, organizado en el interior de una o varias zanjas concéntricas de poca profundidad y de carácter no primordialmente defensivo: podrían ser los primeros poblados monumentales de nuestra Prehistoria; se han documentado en los yacimientos de Las Matillas (Alcalá de Henares), Górquez (San Martín de la Vega) y Fuente de la Mora (Leganés).

En estos yacimientos de la Edad del Cobre se han recuperado artefactos en su mayoría cerámicos, líticos (de sílex sin retoque, sobre todo lascas simples) y óseos, y muy pocos metálicos (generalmente, pequeños punzones de cobre).


 

EDAD DEL BRONCE (1.800 - 800 a.C.)

La Edad del Bronce no nos ha dejado ni poblados semejantes a los del Calcolítico ni suficientes muestras faunísticas y botánicas como para poder establecer las diferencias económicas de este periodo con el anterior. Gran parte de esta distinción, pues, hay que elaborarla basándose en los restos de cerámica encontrados en los yacimientos.

Los asentamientos presentan agrupaciones de estructuras subterráneas (silos y fosas) con gran diversidad de restos materiales (cerámicos, de sílex, metálicos, de hueso) y algunos animales. Se conservan cazuelas y grandes contenedores que parecen haberse utilizado para conservar a corto plazo cantidades importantes de alimentos, mientras que la conservación a largo plazo se habría seguido realizando en silos subterráneos. Hacia la mitad del II milenio a.C., los elementos cerámicos comienzan a presentar mayor abundancia de motivos impresos e incisos, lo cual los enmarca en la fase inicial de la cultura de Cogotas I. Puede que esta profusión decorativa fuese paralela al creciente uso de tejidos de parecidas características ornamentales.

Los enclaves en que se asientan los poblados siguen siendo vaguadas, fondos de valle y cerros, y todo parece indicar que eran ocupados por pequeños grupos agrícolas que residían de forma estable en ese mismo lugar, "apropiándose" de él y utilizando todos los recursos que ofrecía.En este periodo se generaliza el enterramiento en fosas dentro de los propios poblados o en sus inmediaciones. Los individuos eran depositados dentro de fosas, en posición fetal. No se acompañan piezas de ajuar, pero sí animales domésticos (sobre todo cerdos y ovejas de muy corta edad), quizá con el significado de "ofrendas".


Inhumación individual en silo de una mujer madura
(Yacimiento de Las Matillas, Alcalá de Henares)

Foto: P. Díaz del Río

Es muy probable que en este periodo ya existieran redes de intercambio entre diversos lugares de la Península.

YACIMIENTOS EN EL SOLAR MEDIEVAL DE MADRID

La primera presencia humana detectada en el espacio que luego ocupará el tejido urbano madrileño de la Alta Edad Media data del segundo milenio antes de Cristo, y se corresponde con los materiales cerámicos de la Edad del Bronce aparecidos en silos excavados en el Cerro de Las Vistillas. Dichos materiales se hallaron bajo silos medievales en una excavación realizada en la calle Angosta de los Mancebos, número 3, y podrían remontarse al año 1500 a.C.


 

EDAD DEL HIERRO (800 - 100 a.C.)

Durante la Edad del Hierro, la región madrileña -al igual que Toledo y Cuenca- estuvo poblada por los carpetanos, pueblo celtibérico en el que se mezclaba la cultura autóctona y la celta. Eran gentes asentadas de forma dispersa sobre el territorio, dedicadas a la agricultura de cereales, la recogida de frutos silvestres y la ganadería, y localizadas en núcleos urbanos emplazados generalmente en lugares prominentes: castros en los primeros momentos, luego convertidos en acrópolis. La zona de sierra continúa estando poco poblada. En las tierras de pie de monte se localizan algunos asentamientos en cuevas y abrigos. Pero son las cuencas fluviales (valles, desniveles en los páramos, cerros) las zonas donde se concentra la mayor parte de la población.

La comarca madrileña no posee explotaciones de hierro, por lo que suponemos que las piezas de este metal halladas en los yacimientos serían fruto del trueque con otros pueblos de zonas próximas.

La ganadería se basa en la cría de ovejas, cabras y vacas. La agricultura se desarrolla en tierras cercanas a los cursos de agua. Cobra auge la elaboración de tejidos: se han encontrado fusayolas en tumbas y poblados, y las fuentes clásicas mencionam el sagum como una prenda muy extendida entre los pueblos celtibéricos. Se introduce el torno, con el cual la cerámica gana en variedad.

No hay restos de ídolos, exvotos o figuras escultóricas, ni se tienen datos sobre santuarios. El único dato sobre manifestaciones religiosas son los dioses indígenas (dominadores de los bosques, los montes y las aguas o protectores del ganado) que mencionan las fuentes clásicas.

1ª EDAD DEL HIERRO

Los poblados que se han conservado son agrupaciones de cabañas con silos y almacenes excavados en el suelo, y se ubican en lomas de cuencas fluviales o próximos al cauce: La Aldehuela, El Llano de Perales (Getafe), las Cárcavas (Aranjuez), el cerro del Ecce Homo (Alcalá de Henares); cerro de San Antonio, Fuente de la Mora (Leganés). En ocasiones se ha encontrado alguna vivienda de enormes dimensiones, como en La Capellana (Pinto) o restos de estructuras con alineaciones de piedras, como en El Caracol (Valdemoro).

Las tumbas son sencillas, y los ajuares que hay en ellas suelen ser pobres, con piezas cerámicas y en algunos casos brazaletes.


Poblado carpetano de Fuente la Mora 2

2ª EDAD DEL HIERRO

Los asentamientos son más extensos y acogen a mayor número de personas. Aunque continúa habiendo poblados en valles o cerros, otros comienzan a fortificarse con murallas y fosos: Santorcaz, Dehesa del Pontón de la Oliva (Patones), Fuente de la Mora 2 (Leganés); y las casas se construyen sobre zócalos de piedra, con muros de entramado de madera revestidos con tapial o adobe. Aunque todavía no aparece un entramado claro de calles alineadas, se supone que ya existiría una cierta organización social.

También hay viviendas excavadas en cuevas (Tielmes, Carabaña), pequeños pequeños poblados defensivos -castella- (Valilecha) y caseríos agropecuarios (Fuente el Saz de Jarama).

Los enterramientos se realizan en necrópolis, y se generaliza la incineración: las cenizas, junto con elementos de ajuar, se recogen en urnas o pequeños agujeros. Han aparecido también tumbas aisladas en La Gavia, El Espartal, Morata de Tajuña y Leganés.