LAS MINORÍAS


JUDÍOS

FORMACIÓN DE LA ALJAMA

La presencia hebrea en Madrid está documentada ya en 1053, antes de la conquista cristiana. Durante el siglo XII, el crecimiento de la comunidad judía madrileña se vio favorecido por la llegada de refugiados de al-Ándalus, y fue a lo largo del XIII cuando terminó de producirse la consolidación de la aljama de la villa.

La localización exacta de la judería sigue siendo un enigma, aunque el único dato documental que se conoce parece ubicarla en el interior del que había sido recinto emiral: para este periodo, un documento de 1220 muestra cómo «Mossé, filio de Alperriel», vivía en la Almudena, junto a la calle del Rey, refiriéndose, con bastante probabilidad, al tramo de la calle Mayor actual comprendido entre las puertas medievales de la Vega y arco de la Almudena. Por otro texto de 1385 sabemos que para reparar la muralla de la villa, el Concejo acordó coger canto y ladrillo de dos torres que estaban caídas en la judería.

LOS DISTURBIOS ANTISEMITAS DE 1391

Las revueltas antisemitas de 1391 alcanzaron también a la aljama madrileña: el ataque a los judíos de la villa -en el que se produjeron «robos e muertes»- partió de un grupo de vecinos capitaneado por Ruy Sánchez de Orozco, del que eran cabecillas Vasco Mexía, Lope Fernández de Vargas, Diego de Vargas y Ruy García de la Torre. De todos ellos, el Concejo sólo pudo apresar a Vasco Mexía y «otros ommes de los del pueblo menudo», pues Ruy Sánchez tenía en su poder las llaves de la puerta de Valnadú y consiguió escapar por aquel portal con el resto de los malhechores.

Una vez fuera de la villa, y sintiéndose a salvo de la justicia, Ruy Sánchez y el resto se establecieron en Barajas y la Alameda, desde donde atemorizaron a los vecinos y lanzaron repetidas amenazas «así á los alcalldes commo á los regidores, deziendo que si los tomasen fuera de la villa que los matarán». Incapaz de solventar la situación, el Concejo madrileño hubo de pedir ayuda al rey Enrique III «así sobre estos malfechores que andan en dapno é en mal desta vuestra villa, commo en rrazón de los que están presos por esta rrazón, que nos enbiedes mandar sobrello lo que la vuestra merced fuere é lo que avemos de fazer sobrello».

RECOMPOSICIÓN DE LA ALJAMA

Aunque la destrucción de la aljama madrileña no fuera completa, es indudable que la comunidad hebrea de la villa quedó muy malparada; de hecho, los documentos hablan con cierta insistencia de que «todos los Judíos desta dicha villa de madrid se bolvieron christianos». Junto a las pérdidas económicas y humanas, la consecuencia inmediata de los ataques sufridos fue que el barrio de la judería desapareció como tal. En todo el periodo que se abre a continuación, los judíos madrileños aparecerán avecindados de forma dispersa por todo el caserío de la villa: colaciones de San Salvador (1403, 1444, 1463, 1472), San Miguel de los Octoes (1443, 1471), San Nicolás (1449), San Ginés (1449), calle Mayor (1472)... Es muy probable que durante estas décadas se establecieran en Madrid grupos de judíos procedentes de otras aljamas (Toledo, por ejemplo) en las que la represión había sido mayor.

Por documentos de 1402 y 1403 parece que la sinagoga fue destruida en las revueltas de 1391 y que ahora se reconstruyó cerca del barrio judío primitivo, pero más al norte, aproximándose al alcázar y buscando así el amparo del poder real: en el borde septentrional del viejo recinto emiral, lindando con el Campo del Rey. Un documento de 1463 menciona también el castillo de la judería; creemos que designa el antiguo emplazamiento de la judería inicial.

EL APARTAMIENTO DE 1481

En las Cortes de Toledo de 1480 se ordenó que, en el plazo de dos años, «todos los judíos y moros (...) tengan sus juderías e morerías distintas e apartadas (...) e non moren a bueltas con los christianos ni en un barrio con ellos». En Madrid, el pesquisidor Juan Ramírez de Guzmán fue el encargado de apremiar al Concejo de la villa para que se señalara el lugar donde habrían de quedar confinados los hebreos y los musulmanes. Los regidores «señalaron por sitios donde fuesen apartados los moros é judíos que agora biven é moran, é bivieren é moraren en esta dicha villa, para los judíos al sitio donde tienen la sinoga, é para los moros donde tienen su almagid».

El nuevo barrio judío quedó situado, pues, junto a la sinagoga, junto al Campo del Rey e incluyendo dentro de su contorno, seguramente, el lugar que era conocido como corral de los toros (1481). Debido a la escasez de medios de la comunidad hebrea, la cerca que separaría este barrio del resto del caserío hubo de costearla el propio Concejo: «porque los judíos eran muy pobres é miserables y no tenían facultad para poder faser casas é çercar el dicho su apartamiento, que la villa les çerque de dos tapias en alto el dicho su apartamiento».

El confinamiento se respetó a grandes rasgos, pero no de forma estricta: en esta década se documentan casas en la colación de Santa María de la Almudena (1481), corral de los toros (1481), puerta de la Vega (1484, 2 solares extramuros), campo del Rey donde las futuras caballerizas (1485) y puerta de Guadalajara (1489, 1492). Además, las razones económicas aconsejaban establecer excepciones: en 1482 se permitió a los judíos tener sus «tiendas de mercadurías e oficios» en las plazas, «segund que lo solían tener», siempre que «sean pequeñas e non sean casas de morada, e asymismo que no coman en ellas ni estén en ellas de noche», y un año después se dio licencia al físico Rabí Jacó para «que esté en la Villa dentro, donde antes vivía, por el inconveniente que se sigue a los enfermos que en esta Villa ay de yr cada vez por él a llamalle en el apartamiento donde está, ques tan lexos e apartado de la dicha Villa e arravales».

LA EXPULSIÓN GENERAL DE 1492

El 31 de marzo de 1492 se promulgó el edicto de expulsión y se dio a los judíos un plazo de cuatro meses para que, en caso de no quererse convertir al cristianismo, abandonasen los reinos hispanos: hubieron de elegir, por lo tanto, entre el bautismo forzado o la represalia. La mayor parte de los que optaron por marcharse tuvieron primero que malvender sus bienes; se cree que abandonaron Madrid unas 400 personas. La expulsión acabó con la aljama hebrea madrileña, aunque en los años siguientes se registra el regreso de varios conversos de posición generalmente holgada, acogidos con gran alegría por el vecindario al recuperar de este modo a cualificados profesionales cuya ausencia se había hecho notar. Es lo que sucede, por ejemplo, en 1494, año en que se vuelve a contratar a los seis médicos judíos que se habían ido, pues «agora los físicos que solían ser aquí se torrnaron christianos e se buelven aquí».

OFICIOS JUDÍOS

La documentación conservada indica que la participación judía en la vida económica madrileña fue notable dentro del sector terciario. Abundan los recaudadores de rentas y prestamistas, entre los que destaca Menahem Çidré, arrendador de numerosas rentas y alcabalas entre 1438 y 1461. Hay también datos acerca de latoneros (Yuçaf de Carrión), traperos (Hayn Lerma, Mair de Curiel y Juçaz Barbaza, entre otros) y carniceros (Simón, hijo de Garrido).

Sin embargo, la documentación más abundante se refiere a los que se dedicaron a la medicina -llamados "físicos" en Castilla-, actividad ésta que fue desarrollada casi con exclusividad por personajes judíos. Entre ellos, el más eminente fue Rabí Jacó, al que se concedió "«el corral de los toros, al canpo del Rey»; tuvo el oficio de físico y cirujano de la villa, trabajo que ejercía conjuntamente con el bachiller Lorenzo de Solís, cristiano. Gozó siempre de un trato privilegiado por parte del Concejo: en 1481 quedó eximido de llevar señales distintivas en la ropa, y en 1483 se le permitió abandonar la judería y afincarse en el interior de la ciudad «por el inconveniente que se sigue a los enfermos que en esta Villa ay de yr cada vez por él a llamalle en el apartamiento donde está». Tuvo sus casas junto al Campo del Rey, pegadas a la muralla y próximas a la sinagoga. Murió hacia finales de 1488 y le sucedió en el oficio su hijo rabí Oçe, que se ocupó de «curar e visitar los ospitales e pobres que uviere enfermos en la dicha Villa». Fueron también físicos rabí Mo, don Hudá y el maestre Zulema.


1: Judería primitiva (hasta 1391). 2: Segunda judería (1480-1492)
3: Morería Vieja (1085-1502). 4: Morería Nueva (mediados s. XIV-1502)


 

MUDÉJARES

COMPOSICIÓN DE LA ALJAMA

La primera referencia documental a los mudéjares madrileños es ya muy tardía, pues ocurre en el Fuero de 1202. Sin embargo, es posible que más de un siglo antes, tras la capitulación de 1085, un exiguo grupo de musulmanes no conversos o mudéjares, todos ellos campesinos o artesanos de bajo nivel socio-económico, optara por permanecer en la villa, tal como ocurrió en otros lugares del reino toledano. El resto de ese colectivo, y con toda seguridad los estratos superiores de la población islámica madrileña (militares, administrativos y religiosos), sí habría optado por abandonar la villa para dirigirse a los reinos de taifas vecinos. El reducido colectivo inicial que se quedó en Madrid iría incrementándose a lo largo del siglo XII con la llegada de cautivos musulmanes (obtenidos como botín por las milicias madrileñas en combates fronterizos) cuyos descendientes iban alcanzando, con el paso de los años, la completa emancipación de sus señores.

De esa forma, la población islámica madrileña quedó formada por tres grupos bien diferenciados: los mudéjares (descendientes de aquéllos que no abandonaron la villa), los cautivos (musulmanes esclavos, obtenidos como botín de guerra) y los libertos (cautivos que se habían emancipado de sus señores pero que todavía mantenían vínculos con ellos). En estos primeros momentos, la comunidad mudéjar carecería todavía de cualquier tipo de organización jurídico-administrativa.

LA MORERÍA VIEJA

Todos estos musulmanes se concentraron mayoritariamente en la ladera izquierda del arroyo de San Pedro, entre el Pozacho y la plaza de la Paja, formando un barrio propio que luego se conocería como Morería Vieja; allí tuvieron su mezquita (situada «en lo alto del Pozacho, en la perrocha de Sant Andrés»), baños (explotados a mediados del siglo XIV por doña Xançi), carnicería (para abastecer en exclusiva a los miembros de la comunidad) y casa de las bodas. El trazado laberíntico del lugar y sus calles estrechas y tortuosas mantuvieron intacto su carácter hasta la segunda mitad del siglo XIX. El cementerio musulmán se encontraba sobre la actual plaza de la Cebada, a la salida de la puerta de Moros.

La Morería Vieja persistió como tal al menos hasta 1502, fecha del edicto de expulsión. De cualquier modo, esta segregación de los mudéjares en un barrio propio no fue rígida y absoluta en ningún momento de toda la Edad Media: hubo mudéjares afincados en otras colaciones (San Pedro, San Salvador, San Nicolás, San Miguel de los Octoes y Santa María, así como en los arrabales), al tiempo que no faltaron cristianos y judíos que habitaran en la zona mudéjar de la ciudad.

LA MORERÍA NUEVA

El colectivo musulmán se constituyó en aljama presumiblemente en el siglo XIII: en ella, la autoridad máxima y juez era el alcalde (lo fueron en Madrid don Mahomad, maestre Hamete, maestre Abrahem...), al que  acompañaban como asesores o expertos los alfaquíes (en Madrid, Alcahen, don Abraham...).

Desde mediados del XIV, al tiempo que la aljama alcanzaba su plenitud, muchos de sus miembros (seguramente los más acomodados) fueron abandonando la antigua Morería para afincarse por todo el resto del solar madrileño, mezclándose con la población cristiana: un siglo después ya había una importante concentración de ellos en la denominada Morería Nueva, entre la entonces plaza del Arrabal (hoy Mayor) y la puerta Cerrada, a ambos lados del camino hacia Toledo.

Durante la segunda mitad del siglo XV el tamaño de la aljama madrileña fue disminuyendo, y a finales de dicha centuria su población rondaba los 250 habitantes. Sin que fuera la única causa de ello, sabemos que en 1488 nuestra villa fue asolada por la peste, y la comunidad musulmana vio reducida su población a la mitad, pues «con la pestilencia se murieron muchos e otros se an ido a lugares de señorío», y «después acá (...) se an muerto e ydo más de la meytad de los moros que avía en la dicha aljama».

EL APARTAMIENTO DE 1481

Las leyes que se dictaron en 1481 para que los judíos viviesen separados del resto de la población afectaron también a los musulmanes, que fueron obligados a vivir en una morería aislada, situada junto a su almagil o mezquita. Sin duda, se trataba de la misma Morería Vieja ya comentada, aunque es posible que también la Nueva entrara dentro de tal categoría de barrio aislado, pues en un acta concejil de 1482 se habla de «sus apartamientos».

Los mudéjares fueron, en conjunto, menos perseguidos que los hebreos, pero sufrieron el mismo aislamiento y marginación que ellos. Los musulmanes madrileños estaban obligados a llevar señales distintivas sobre el hombro derecho y ropas especiales que les identificasen claramente. No podían tener tiendas fuera de la Morería, y sólo gracias a la insistencia del Concejo ante los Reyes Católicos se pudo suavizar en parte tal prohibición: es el caso de la petición que en 1482 se hizo a los monarcas «en favor de los moros, para que puedan tener sus tiendas, de día solamente, en las plazas desta Villa».

EL EDICTO DE EXPULSIÓN DE 1502

Por real cédula publicada el 12 de febrero de 1502 se ordenó la conversión o el destierro de los mudéjares que vivían en todos los reinos cristianos; la mayor parte de ellos, sobre todo los de posición social media o baja, tuvieron que optar por el bautismo forzado. En Madrid se produjo una conversión en bloque de casi toda la aljama, negociada con el Concejo y aceptada por sus miembros a cambio de no pocos beneficios: exención de impuestos durante diez años, cese de la jurisdicción sobre ellos de la Inquisición, conservación de la casa de bodas, carnicería y osario, y mantenimiento de las tiendas que tenían fuera de la morería, al tiempo que se les facilitaban nuevas tiendas en la plaza del Arrabal sin coste alguno durante el primer año. El beneficio que obtendría el Concejo a cambio de ello sería que «no se despueble donde avía personas dellos de ofiçios de albañiles e carpenteros neçesarios al bien desta Villa».

El primero en convertirse, unos días antes incluso de la publicación del edicto, fue un mudéjar alfarero y sus tres hijos; el Concejo, premiando su celeridad y deseando que el ejemplo se extendiera, les obsequió con «paño de Londres morado para capuz e caperuça e sayas e sayuelos e sayo para los hijos». Entre los miembros notables de la comunidad mudéjar de la villa cuya conversión ha quedado documentada se encuentran el alcalde Yuçu Mellado (¿Juan Zapata a partir de ese momento?), los alarifes Abraen de San Salvador (que adoptó el nuevo nombre de Francisco Ramírez), maestre Haçán (llamado a partir de entonces Gonzalo Fernández) y Mahomad de Gormaz (que mudó su nombre a Diego Hurtado).

OFICIOS MUDÉJARES

El colectivo mudéjar madrileño estuvo ocupado mayoritariamente en sectores artesanales: los oficiales más destacados y con una posición económica más desahogada fueron los integrados en el sector de la edificación, que supieron imprimir una impronta peculiar en las obras de la villa, con unas técnicas constructivas que vinieron a convertirse con el paso del tiempo en referencia obligada de la arquitectura madrileña. Pero también hubo entre ellos aceiteros, hortelanos, herreros, caldereros y tundidores.

El alarife mudéjar más notable fue Abraen de San Salvador, que sucedió como alarife de la villa a su padre Abdalla de San Salvador tras el fallecimiento de éste en 1478, y a lo largo de los años compartió el oficio con Mahomad de Gormaz, maestre Yuçuf, Abraen de Gormaz y el cristiano Bartolomé Sánchez. Tuvo a su cargo durante tres décadas las reparaciones de los puentes de Toledo y de Segovia primitivos, la conservación de muros y puertas y todo lo relativo al mantenimiento de las calles y los edificios concejiles; asimismo, realizaba labores de inspección y asesoramiento técnico para el Concejo. Sus casas estuvieron situadas en la Morería Nueva, en la acera de los impares de la calle actual de Cuchilleros. Destacó también maestre Haçán, artífice del hospital de la Latina, construido entre 1499 y 1504.

Como herreros de azada conocemos, entre otros, a Mahomad Toledano, Hamad de Cubas y Hamad de Griñón; seguramente fue el sector de la metalurgia el que concentrara mayor número de artesanos mudéjares.