LA MURALLA CRISTIANA


Se comenzó a levantar, seguramente, en los años finales del siglo XI o primeros del XII, con posterioridad a la conquista de Alfonso VI, siendo esta obra una de las primeras y más urgentes que se vieron obligados a acometer los conquistadores castellano-leoneses. Llegó a ocupar, sin incluir el suelo correspondiente al primer recinto, algo más de 22 hectáreas, y sus lienzos totalizaban una longitud de 1.700 metros.

La tradición apunta que fue Alfonso VII el monarca castellano que promovió la obra de la fortificación de la villa, y las fechas de su reinado (1126-1157) concuerdan en buena medida con lo dicho. La construcción se debió de prolongar durante bastante tiempo, pues el propio Fuero de Madrid (ya en el año 1202) así lo recoge: «todas las caloñas del Concejo inviértanse en la obra de la muralla hasta que se termine». Inicialmente, pues, todas las multas recogidas en el Fuero se dedican a la reparación o construcción de la muralla; pero con posterioridad a 1214 (fecha de la Carta del Otorgamiento) las multas de invierten ya en la mejora de las calles de la villa: ¿sería en esa segunda década del siglo XIII cuando se terminó de construir la muralla?


La muralla cristiana, sobre el plano actual
(1- puerta de Moros; 2- puerta Cerrada; 3- puerta de Guadalajara;
4 y 4'- puerta de Valnadú; 5- puerta de Sagra;
con línea de trazos- ampliación septentrional del recinto;
con trama rayada- alcázar cristiano primitivo)

La muralla se construyó en mampostería de pedernal o caliza en paños y torres. Éstas eran semicirculares, distanciadas entre si de 10 a 15 metros; aunque Quintana supone un número total de 190 torres, es posible que no superaran las 130 ó 140. Las puertas eran de acceso en recodo, y quedaban protegidas por un fuerte torreón cercano; no quedan vestigios arqueológicos de ninguna de ellas. Tales características de puertas y torres impiden que esta muralla pueda fecharse con anterioridad a finales del siglo XI o principios del XII. Tuvo un foso exterior a lo largo de buena parte de su perímetro, cuya recuerdo ha quedado materializado en la toponimia urbana en las calles denominadas "cavas", trazadas sobre él una vez que quedó cegado.


 

UNIÓN CON EL ALCÁZAR

El lienzo occidental que unía el nuevo castillo cristiano con el viejo recinto emiral por la cornisa de poniente es el que dibujaron en el siglo XVI Vermeyen y Wyngaerde. Se levantó como limpia prolongación de la fachada de poniente de la fortaleza, y quedaba jalonado por seis o siete cubos en apariencia cilíndricos, alguno de ellos dibujado como torre exenta unida al muro mediante un paso en arco. En las recientes excavaciones de la plaza de la Armería aparecieron cuatro metros de la cimentación de este tramo correspondientes a su arranque meridional, el cual, mediante cajeados en el terreno, salvaba la cava o foso que rodeaba los lienzos septentrionales del recinto emiral. El muro, de bloques de caliza, tenía un espesor de 2,40 metros.

Este lienzo ya había desaparecido a mediados del siglo XVII, pues no figura en el plano de Texeira, aunque podría pensarse que el recuerdo del itinerario que seguía la muralla está plasmado en la línea quebrada que dibuja en planta el largo edificio paralelo al de las cocheras por el Oeste: así lo han interpretado algunos autores modernos.

La unión se completaba mediante un lienzo oriental que viene a coincidir con el sector nororiental del denominado "primer recinto" por los cronistas clásicos. Además de la función de simple enlace, este muro sirvió para delimitar la zona de terreno que con el tiempo se denominaría Campo del Rey, que así quedaba anejo al castillo y aislado de la población civil. Este lienzo nacería en el torreón suroriental del castillo cristiano y discurriría en línea sensiblemente recta hasta alcanzar en los altos de Rebeque la esquina nororiental del recinto islámico. La longitud total sería de unos 180 metros, muy similar a la del lienzo occidental de enlace, y dispondría, como éste, de seis o siete cubos semicilíndricos.

La construcción de ambos lienzos llevó aparejada la pérdida de utilidad de la puerta de Sagra primitiva, que ahora quedaba situada en el interior del nuevo recinto. En consecuencia, dicha puerta se trasladó a este nuevo lienzo oriental de enlace, permitiendo la comunicación con la Sagra y el barranco del Arenal. Aunque no haya prácticamente datos acerca de tal puerta, la única localización que se ha propuesto para ella (Caballero Zoreda, Montero Vallejo y Retuerce Velasco) la sitúa en el extremo septentrional de este tramo, muy cerca ya de su unión con la fortaleza.


 

TRAMO INICIAL, HASTA LA PUERTA DE MOROS

El tramo inicial de la muralla cristiana se entroncaba con la musulmana a la altura de las casas que pertenecieron al marqués de Povar, luego de Malpica, para atravesar el barranco de San Pedro -actual calle de Segovia- frente al solar de la que más adelante sería Casa de la Moneda. No es descartable la posibilidad de que el entronque se hubiera producido no en el sitio dicho sino en la propia torre de Narigues, aprovechando la calidad defensiva de ésta y la existencia del lienzo que presumiblemente la comunicaría con la muralla musulmana. De cualquier modo, este primer tramo hubo de desaparecer muy pronto, sin duda a causa del propio terreno en el que se asentaba, con gran pendiente y habitualmente anegado por las aguas de torrentera del arroyo de San Pedro. Así, ya no aparece en el dibujo de Wingaerde: en la imagen que reproducimos, el lienzo de la izquierda, con la Puerta de la Vega en su extremo, pertenece a la muralla musulmana; el cerro siguiente es el de la ladera derecha -según el sentido de las aguas; izquierda para el espectador- del barranco y arroyo de San Pedro; aquí ya no existe el citado tramo inicial de la muralla del siglo XI.


Tramo inicial de la muralla cristiana, desde su arranque en la musulmana
hasta Puerta de Moros
(dibujo de Wingaerde)

Restos de muralla embebidos en la edificación, entre el arroyo de San Pedro y la Puerta de Moros (plano de Texeira)
Restos de muralla embebidos en la edificación, entre
el arroyo de San Pedro y la Puerta de Moros
(plano de Texeira)

Una vez atravesado el barranco, la muralla ascendía por su vertiente izquierda para alcanzar rápidamente la actual calle de los Mancebos -entonces, ronda interior de este lienzo- en dirección a la Puerta de Moros. Este tramo corrió mejor suerte que el primero, y se mantuvo en pie durante varios siglos. Tanto el dibujo de Wingaerde -lienzo de la derecha en la imagen, desde la hondonada del barranco hasta la curva de la calle de los Mancebos- como el plano de Texeira así lo recogen; en éste, además, se aprecia con gran detalle cómo los edificios posteriores fueron creciendo al arrimo de la muralla hasta convertirla, con el paso del tiempo, en muro medianero interior de esas largas manzanas que tan frecuentes y características son a lo largo del recorrido de este muro cristiano. Hay restos de la muralla en las siguientes fincas:

- Calle de Don Pedro, números 8-12: Se trata de un lienzo visitable de 30 metros de longitud y 4,5 de altura, construido con mampostería de pedernal y trabazón de argamasa de cal y arena. Esta calle de Don Pedro, borde meridional de la manzana comentada, pudo haber sido foso defensivo exterior, al menos en su primer tramo.
- Calle de los Mancebos, número 3: Hay restos visibles desde el exterior de un tramo del lienzo, corto y muy deteriorado, en la parte baja de la medianería ahora exenta, pues el solar está sin edificar.
- Plaza de los Carros, número 3: Se conserva un paño visitable de 6,40 m. de longitud y 4,70 de altura compuesto por bloques de pedernal, caliza y yeso.


Calle de Don Pedro 8-12


Calle de los Mancebos 3


Plaza de los Carros 3


 

PUERTA DE MOROS

La muralla alcanzaba, así, la primera de sus puertas, la llamada Puerta de Moros, que se abría al sur sobre la actual Plaza del Humilladero, entre las calles del Almendro y la Cava Baja. Quintana escribe de ella que «era estrecha, y también se entraua con bueltas, y por ambages, y deuía de tener los mismos que la de Guadalaxara, que eran tres». Su denominación es tardía y, con toda probabilidad, cristiana, y haría referencia a la cercanía, intramuros, del barrio musulmán. Como las otras puertas de esta muralla, quedaba protegida por una torre fuerte; un documento de 1519 parece sugerir que ésta estuviera avanzada con respecto al muro: «Mandaron quel mayordomo repare una torre questá a la Puerta de Moros de fuera del muro». A su salida, un puentecillo -ampliamente documentado en los últimos años del siglo XV por las continuas reparaciones que precisaba- salvaba el foso que desde allí se dirigía hacia la Puerta Cerrada. Junto a la puerta, sobre el arranque de la calle de Don Pedro, se situó el cementerio islámico.

Sainz de Robles asegura que la puerta fue derribada en 1412 por los moriscos sublevados, como protesta por habérseles prohibido reunirse en sus alrededores, aunque sin aportar pruebas de ello. Sí está documentada, en cambio, la propuesta hecha en 1544 por Juan Martínez y Tomás de Ribera de ejecutar una portada de sillería en la Puerta de Moros, a cambio del material que se recogiera en el derribo. Además de la portada, se construiría una alcantarilla «por donde pasen las aguas de la calle de San Francisco, para que se haga encima de la dicha alcantarilla una plaza por donde pueda ir una carreta y venir otra. Todo lo cual dice que hará por sólo el petrecho de la torre e puerta, e lo derrocará a su costa e lo dexará acabado». No sabemos si tal obra llegó a construirse. Lo cierto es que en el dibujo de Wingaerde de 1565 aparece al fondo del caserío la que podría ser torre defensiva de la puerta, y en el plano de Texeira de 1656 ya han desaparecido ambas, puerta y torre.


 

TRAMO PUERTA DE MOROS - PUERTA CERRADA

Desde la Puerta de Moros, la muralla avanzaba en dirección noreste paralela a la Cava Baja, entre ésta y la calle del Almendro. Cuando la cerca perdió su utilidad defensiva, las casas se adosaron a ella por ambos lados, dejándola oculta en el interior de larguísimas manzanas que, inicialmente, llegaban de puerta a puerta. Ésta comprendida entre Cava Baja y Almendro es, quizá, la más característica de ellas; en el plano de Texeira (1656) todavía mantiene su integridad, sin que exista comunicación alguna entre ambas calles. El foso defensivo exterior bordeaba la totalidad de este lienzo, y llegaba hasta la Puerta Cerrada. Cuando fue cegado y transformado en vía pública dio origen a la Cava Baja.

Desde el siglo XIX, los derribos de fincas situadas en esta manzana han ido dejando temporalmente al descubierto lienzos y torres de este tramo de muralla: así lo vio Mesonero Romanos en las de Cava Baja 28 y Almendro 31. Hoy queda todavía restos del lienzo en los siguientes inmuebles:

- Calle del Almendro, números 15-17: Hay un lienzo de 16 metros de largo y 11 de alto, en estado ruinoso, visible desde el exterior, en el fondo de un solar ajardinado.
- Cava Baja, número 30 (antiguo Mesón del Segoviano): Lienzo visitable de 19 metros de largo por 11'5 de alto, situado en el patio interior de la finca, del que sólo se conserva la mitad intramuros de la fábrica.
- Cava Baja, número 22, c/v Almendro, número 3: Quedan vestigios no visitables de muralla, correspondientes a un tramo de cimentación y al arranque de un torreón semicircular.
- Cava Baja, número 10: Bajo la escalera del inmueble existe un lienzo visitable de 7 metros de longitud y altura variable entre 1 y 4 metros, además de parte de un torreón ultrasemicircular. Los restos se han consolidado y acondicionado para permitir la visita del público.
- Plaza de Puerta Cerrada, números 4-6: Se conserva, formando parte de viviendas particulares, la muralla íntegra hasta la coronación, con el adarve o camino de ronda y su pretil, además de parte de un torreón semicircular.


Calle del Almendro 15


Cava Baja 30


Cava Baja 10


 

PUERTA CERRADA

Al final de Cava Baja se encontraba a la Puerta Cerrada, que estaba situada, sobre el plano actual, en el mismo lugar que retiene su nombre, y, según López de Hoyos, tenía labrado en lo alto «un espantable y fiero dragón», motivo por el cual la gente le daba el nombre de "Puerta de la Culebra". Su entrada, en palabras de Quintana, era «angosta, derecha al principio; al medio hazía vna buelta a línea recta, y al cabo hazía otra para entrar al pueblo, de suerte que ni los de dentro podían ver a los de fuera, ni al contrario los de fuera a los de dentro». El origen que este mismo autor da a su nombre no parece pasar de simple conjetura: «El llamarse cerrada fue, porque como era tan estrecha y tenía aquellas rebueltas, escondíanse allí de noche gente facinerosa, y robauan y capeauan a los que entrauan y salían por ella, sucediendo muchas desgracias con ocasión de vn peligroso passo que auía a la salida della, en vna puentecilla que auía para passar la Caua, que era muy honda, de suerte que nadie se atreuía a entrar ni salir por ella, ni aun de día; y por remediar tan grande daño, la vinieron a cerrar, estándolo por algún tiempo, hasta que poblándose lo de la otra parte, se tornó a abrir por la comunicación del Arrabal y de la Villa».

Culebra que, según López de Hoyos, estaba labrada en lo alto de la Puerta Cerrada
Culebra que, según López de Hoyos, estaba labrada
en lo alto de la Puerta Cerrada

La estabilidad y buena conservación de la puerta se vieron siempre comprometidos por la existencia en sus alrededores de una laguna o muladar al que llegaban no sólo las aguas de lluvia que no podía retener la cercana laguna de Santa Cruz, y que en ocasiones llegaban a entrar a la villa por la propia puerta, sino también el estiércol y basuras que allí se arrojaban (en 1532, por ejemplo, hubo que derribar un torrejón ruinoso próximo a la puerta). El principal riesgo, más allá de la propia inundación del caserío interior, era que esas aguas sucias pudieran llegar a las cercanas fuentes de San Pedro y contaminar el agua potable que de ellas se obtenía. En los últimos años del siglo XV hay datos abundantes sobre obras realizadas por el Concejo para canalizar a lo largo del propio foso tales aguas y basuras. También se han documentado otros estercoleros similares en la Puerta de Valnadú y en la de la Vega.

La puerta se derribó finalmente en 1569, con ocasión de la entrada en la villa de doña Isabel de Valois, esposa de Felipe II. Muy pocos años antes, Wingaerde había dejado en su dibujo la única referencia gráfica que conservamos de esta puerta.

Muy cerca de la puerta, a veinte metros escasos hacia el norte, se situaba la Torre del Vinagre, que presumimos de carácter estratégico al estar orientada hacia terrenos extramurados de mayor altitud que la que tenía la muralla en aquella zona. Su derribo pudo ocurrir en el año 1647, según noticia de León Pinelo sobre una «torre antigua» cercana a la fuente de Puerta Cerrada y a las casas de los Cárdenas que cayó dejando una gran cantidad de ruinas.


 

TRAMO PUERTA CERRADA - PUERTA DE GUADALAJARA

Pasada la Puerta Cerrada y la Torre del Vinagre, la muralla enfilaba hacia el noroeste paralela a las actuales calle de Cuchilleros y Cava de San Miguel, que fueron foso exterior de aquel tramo. Los restos ya han desaparecido en el Texeira, pero todavía se adivina la continuidad de la larga manzana que se construyó entre puerta y puerta, adosada a la muralla.

El foso defensivo que corría extramuros en este sector es el mejor documentado de todo el recinto cristiano, gracias a la excavación arqueológica de 1997. El foso comenzaba junto a la puerta Cerrada y concluía algo más abajo de la puerta de Guadalajara sino algo más abajo, y se había excavado en el terreno natural de arenas de miga en torno al siglo XII, con una acusada pendiente en su talud oriental; desde esa fecha hasta el siglo XV se fue colmatando parcialmente de forma natural (arrastre de arenas y materiales diversos por efecto del agua), y en torno a 1500 se terminó de cegar, esta vez ya de forma intencionada, al tiempo que se comenzaban a adosar edificios a la cara exterior del muro. Hacia 1567, finalmente, la cava, ya rellena y nivelada, se pavimentó.


 

PUERTA DE GUADALAJARA

Planta de la Puerta de Guadalajara sobre el plano actual (según la reconstrucción de Agustín Gómez Iglesias)
Planta de la Puerta de Guadalajara
sobre el plano actual
(según la reconstrucción de
Agustín Gómez Iglesias)
A la altura del número 48 de la calle Mayor se abría la puerta principal y más suntuosa de la villa, la Puerta de Guadalajara, punto principal de paso del tráfico comercial entre Madrid y los lugares de la comarca, con mercado exterior a su arrimo -más adelante las tiendas llegaron a establecerse en el propio interior de la puerta- ya desde el siglo XIII. Al decir de López de Hoyos, «antiguamente tenía dos (torres) caballeros a los lados inespugnables, la puerta pequeña, la cual hacía tres vueltas, como tan gran fortaleza». Era una obra de mampostería, con ladrillo en la bóveda y sillares en el arco de la puerta, que ya aparece citada en el Fuero de Madrid (1202).

Hacia 1535 Carlos I ordenó su derribo «para que la calle quedase ancha e igual», pero la oposición del Concejo fue unánime «porques mucho ornato de esta Villa edificio tan antiguo (...), porque si la torre se derribase (...) quedaría muy desproporcionada la calle con la del arrabal (...), e más desto (...) que en toda esta Villa no ay calle de trato, si no es la calle que va de San Salvador a la puerta de Guadalajara, e que todas las casas quedarían calles sin trato ninguno de tiendas y todo el trato sería quitallo de la Villa y echallo al arrabal, lo cual las leyes proiben e defienden». En 1538, finalmente, hubo que demoler la torre y ensanchar la puerta, y la piedra obtenida se utilizó en las obras que Covarrubias realizaba en el alcázar.

La llamada Puerta Nueva de Guadalajara sufrió un incendio en 1542, y se renovó con gran lujo treinta años después, según describe con todo detalle López de Hoyos. Desapareció definitivamente el 2 de septiembre de 1582, pues «haziendo vna noche alegrías la Villa por auer ganado a Portugal el Rey D. Felipe Segundo, fueron tantas las luminarias que pusieron en esta Puerta, que abrsaron toda su grandeza, sin que quedasse más memoria della que el apellido de Puerta de Guadalaxara con que se llama el sitio donde estaua». Seguramente hubiera podido reconstruirse, pero su falta de utilidad al haberse compactado ya el caserío en aquella zona inclinó a Felipe II a impedir que el Concejo llevara a cabo la obra.

En 1538, con motivo del mencionado derribo de la Puerta Vieja de Guadalajara, que impidió durante todo su transcurso el tráfico por dicho lugar, el Concejo madrileño pidió autorización a Carlos I para abrir una pequeña puerta provisional, el Postigo de San Miguel, que permitiera a los vecinos del interior acceder al arrabal «por los mantenimientos», y a los habitantes de éste asistir a misa en la iglesia de San Miguel de los Octoes, sin necesidad de que ni los unos ni los otros tuvieran que dar un rodeo por la Puerta Cerrada. Hubo vecinos, sin embargo, que se opusieron a la obra, aunque sin éxito, aduciendo «que no hay un tiro de piedra dende a do dize que quiere abrir el dicho postigo a la dicha Puerta Cerrada (...), y podría aver muy grandes inconvenientes (...) por venir a entrar y salir por el cimenterio sagrado de la iglesia de San Miguel y tener aparejo los que delinquiesen de ver questaran junto a la plaza del arrabal desta Villa y tener tan cerca la huida a la iglesia, que se atreverían hazer muchos delitos graves, especialmente seyendo como es parte secreta y donde no ay vezindad que lo pueda oir e resistir». El postigo se abrió a la altura de la actual plaza de San Miguel, frontero a la iglesia, y pese a su provisionalidad no fue tapiado cuando terminaron las obras de la Puerta Nueva y se restableció el tráfico por ella.


 

TRAMO PUERTA DE GUADALAJARA - CIERRE DE LA MURALLA
AMPLIACIÓN SEPTENTRIONAL DEL RECINTO

Desde la Puerta de Guadalajara, la muralla descendía en dirección noroeste, paralela a las calles del Mesón de Paños y de la Escalinata, para luego girar a poniente buscando la última de las puertas, la de Valnadú, y tras ésta enlazar con el viejo recinto emiral. Es bastante posible que este último tramo sufriera en algún momento una importante modificación en su trazado, con el consiguiente derribo del tramo original y la construcción del nuevo. Creemos, siguiendo a Oliver Asín y otros, que el lienzo original se iniciaba, como ya se ha dicho, paralelo a las calles del Mesón de Paños y de la Escalinata, y que hacia la mitad de esta calle giraba hacia el noroeste siguiendo la acusada curva de la calle del Espejo, que sería, así, recuerdo de la ronda interior de la muralla (el trazado original de esta calle, visible por ejemplo en el plano de Texeira, se ha perdido ya, conservándose sólo su arco inicial). La puerta de Valnadú se abriría, en este caso, a la altura de la calle de Santa Clara, y, a continuación, el último lienzo se curvaría hacia el suroeste para enlazar con la muralla musulmana cerca de la actual calle de Requena. De esta forma, tanto el alcázar como la Puerta de Xagra quedarían fuera de la cerca cristiana, y dicha puerta continuaría abriéndose efectivamente al campo -a los límites meridionales de la Sagra-, como lo hacía con anterioridad a la conquista de Alfonso VI (este hipotético trazado original es el dibujado con línea continua en el gráfico incluido al principio de este capítulo).

Diversas circunstancias parecen abonar esta hipótesis: el quiebro que hace la muralla en la calle de la Escalinata; la confluencia de dos calles -una de ellas, la de Santa Clara- en esta presunta primera posición de la Puerta de Valnadú; el trazado limpio de la que hubiera sido ronda interior de la muralla, la calle del Espejo; y los restos de muralla que Álvarez y Baena sitúa en esta misma calle, en 1640, junto a las casas del relator Francisco Llanos. De ser así, el barranco y arroyo del Arenal habrían llegado hasta el borde de dicho trazado.

Con el tiempo, el efecto del agua y los escarpes arruinarían el muro (de forma similar a lo que ocurrió en las inmediaciones de la Puerta de la Vega, de parecida topografía), y éste se habría reconstruido luego algo más arriba, canalizando quizá el arroyo mediante rellenos y aprovechando la situación para ganar algo más de terreno urbano hacia el norte; de paso, el alcázar quedaría más protegido si se llevaba la cerca hasta sus muros, y se acondicionaría la explanada del que habría de ser Campo del Rey, especie de plaza de armas de la fortaleza. ¿Contribuyó, quizás, al derrumbe del lienzo antiguo el asalto a la villa que protagonizó el futuro Enrique II durante el reinado de Pedro I, alrededor de 1366? La tradición asegura que los destrozos que ocasionó el cerco fueron importantes, y hay que recordar que Enrique venía de Burgos y se dirigía a Toledo, por lo que presumiblemente atacó por el norte. De cualquier forma, este segundo trazado -o primero, si la hipótesis mencionada es errónea- alargó la muralla hasta el final de la calle de la Escalinata. Hay restos de este lienzo en las siguientes fincas:

- Calle del Espejo, número 14 (medianería con Escalinata, 9-11): Muro de sillarejo de sílex, de 2'5 metros de altura, situado en la pared del fondo del garaje al que se accede desde la calle de la Escalinata.
- Calle del Espejo, número 12: Se conserva en su medianería el arranque de un torreón semicircular; las edificaciones posteriores han respetado y mantenido su contorno, visible desde Escalinata 13.
- Calle de la Escalinata, número 21: Se conservan restos de la muralla, muy deteriorados y con perforaciones de época moderna; son visibles en el fondo del solar, que está todavía sin construir.
- Plaza de Isabel II, número 3, c/v Independencia: Restos visitables en la planta baja del local comercial, a base de mampostería de pedernal; el portillo de medio punto con arco de ladrillo es posterior.


Calle del Espejo 12


Calle de la Escalinata 21


Plaza de Isabel II, 3

Antes de llegar a la última de las puertas del recinto, se alzaba sobre el barranco de Arenal la Torre de Alzapierna, quizás albarrana, luego llamada también Gaona. Es muy probable que tuviera por misión defender el abastecimiento de los vecinos en las fuentes o caños del Peral, importante manantial situado extramuros, al otro lado del barranco; tras ampliar la cerca hacia el norte, la torre pudo quedar alineada con la nueva muralla. Estaba, en palabras de Quintana, «en el canpo fuera de los muros, cerca de los caños que al presente llamamos del Peral, en lo alto del juego de la Pelota (...), que dezían (...) Alzapierna, por ventura, porque quando disparaua la Artillería que tenía dentro, hazía alzar las de los contrarios». Por su parte, Sainz de Robles y otros suponen el nombre de Gaona derivado del árabe ga'ana, "corta", "chata"; Oliver Asín, en cambio, descarta tal origen musulmán y emparenta la denominación con el apellido Gaona, procedente del pueblo alavés de igual nombre. En el plano moderno, la torre se situaba sobre la esquina sudoriental del Teatro Real.


 

PUERTA DE VALNADÚ

Unos metros más allá se abría la Puerta de Valnadú, cuarta y última del recinto cristiano. Creemos que inicialmente se situó hacia el centro de la manzana que delimitan las actuales calles de Carlos III, Vergara y Lepanto. Es presumible que tuviera una torre fuerte aneja, y su entrada era, como en las otras tres, en recodo: «Entráuase con rebuelta, y por ambages como las demás, diferenciándose en esto las Puertas de lo que llamaron Maiorito, de las dos que eran de la Mantua, por las quales se entraua en la Villa sin rodeos». La grafía "Balnadú", utilizada desde el siglo XIX, es sólo lectura equivocada de eruditos: los documentos medievales siempre la nombran con "V". Su etimología, así, sería idéntica a la de los numerosos topónimos de la zona construidos a base de val (valle), y la convertiría, pues, en puerta que se abría al valle del Arenal.

Su estado, así como el de todo el lienzo septentrional, era precario en la segunda mitad del siglo XV, por la cercanía del arroyo y la existencia en sus alrededores de un muladar: «está para se caer un pedazo de muro»; «que se repare un cubo questá para caer a la puerta de Valnadú». Aunque estas menciones son posteriores a la época en que presumimos ocurrió el traslado del lienzo, es evidente que tal situación debió de ser heredada, pues el entorno, tan poco favorable, no había sufrido modificaciones desde siglos atrás. Cuando se realizó el traslado del lienzo a una posición más adelantada, la puerta quedó sobre lo que hoy es Teatro Real, y se mantuvo en pie hasta 1567. En esta fecha se procedió a su derribo y al de la Torre de Alzapierna, y se aprovechó la obra para allanar y regularizar sus alrededores, creándose una plaza en aquel lugar.


Restos de torreón en el aparcamiento de la plaza de Oriente
Antes de que el muro enlazara con la cerca musulmana se alzaba otra torre quizás también albarrana, la Torre de los Huesos, que con la de Alzapierna flanqueba la Puerta de Valnadú. Su nombre procedía de la proximidad de un cementerio, la Huesa del Raf. También fue englobada por la nueva muralla cuando ésta se desplazó más al norte: un documento de 1535 habla de «la torre de los Huesos, que es en la cerca desta Villa». Como en el caso de la puerta, su estabilidad se vio siempre comprometida por la proximidad del agua: «está una torre de los vuesos para se caer e diz que a sido la causa una reguera que los herederos de las huertas de Sagra echan por debaxo de la torre». Las excavaciones realizadas para la construcción del aparcamiento subterráneo y túnel de la Plaza de Oriente sacaron a la luz una torre o atalaya exenta de fines del siglo XI -momento demasiado tardío, creemos, para ser obra musulmana-, de planta rectangular de 3'65 por 3'40 metros, con interior macizo y fábrica de mampostería de sílex y caliza, con sillares en las esquinas. Su fecha corresponde a la que suponemos para la muralla cristiana, y su posición coincide de forma casi exacta con la que hemos dado para esta Torre de los Huesos.

Pasada la torre, el muro se dirigía rápidamente, siguiendo la curva de la calle del Espejo, a enlazar con la cerca musulmana. Creemos que, inicialmente, dicha unión se realizó al sur de la Puerta de Sagra, por lo que ésta continuaba abriéndose directamente al exterior, tal como ocurría en época musulmana. Una vez que el lienzo se arruinó y fue desplazado más al norte, es previsible que la unión se realizara directamente con el alcázar, pues el lienzo oriental de la muralla musulmana, cada vez más englobado dentro del caserío urbano, habría ido perdiendo paulatinamente su utilidad defensiva y, en consecuencia, arruinándose o desapareciendo del todo.