LA ESCUELA DE GRAMÁTICA


FUNDACIÓN

La enseñanza pública existió en Madrid al menos desde 1346, fecha en la que una provisión de Alfonso XI -a instancias del propio Concejo-permitía que hubiese aquí un «maestro de gramática (…) que mostrase a los fijos de los ommes bonos, porque ouiese en Madrit ommes letrados e sabidores»; recibiría de las arcas municipales un salario anual de 200 maravedís, pues «non querría estar y (allí) maestro ninguno si non le diésedes alguna cosa para con que se mantouiese». Seguramente este privilegio venia a reconocer de modo oficial una situación -la de un maestro de enseñanza primaria y media pagado sólo por sus propios alumnos- ya existente con anterioridad en la villa. En lo sucesivo, la institución siempre un carácter totalmente civil, pues en ningún momento se aceptó la protección económica y participación de las instituciones religiosas. En él se impartía Gramática, Lógica y Poesía.

EL LOCAL

La Escuela o Estudio primitivo tuvo emplazamientos provisionales en inmuebles alquilados a tal fin, sin que haya pruebas concluyentes de que estuviera localizado en las calles de Segovia o de Angosta de los Mancebos. Sólo en 1530 decidió el Concejo procurarle un asiento estable, en unas casas y huerta de Gaspar Dávila situadas en la calle actual de la Villa. A partir de 1560, la endémica penuria municipal, la competencia de otros estudios y la apertura de la nueva calle de Segovia obligaron a ceder varias partes del edificio a particulares.

En 1572 se construyó un edificio nuevo según las trazas de Luis Sillero, que fue el que duró hasta 1868, año en que fue definitivamente derribado; en el edificio actual que lo sustituye (calle de la Villa, número 2), unas placas conmemorativas colocadas en 1870 a instancias de Mesonero Romanos recuerdan hoy a la institución desaparecida.

LOS PRECEPTORES

El encargado o preceptor del Estudio era un bachiller o un licenciado, acompañado a veces por un repetidor que repasaba y tomaba a los alumnos las lecciones impartidas por aquél. El contrato para «leer gramática en esta Villa» (así se denominaba la impartición de las clases) solía comenzar el 18 de octubre, día de San Lucas; las vacaciones eran de un mes, desde el 16 de julio al 16 de agosto.

Se accedía al puesto mediante oposición, pero cuando escaseaban los opositores interesados, el Concejo lo adjudicaba directamente a la persona que consideraba idónea. Los preceptores se obligaban a residir en la villa y no abandonarla mientras durase el contrato, pudiéndosele descontar de su salario lo correspondiente a los días de ausencia. Desde mediados del siglo XVI se estableció un régimen de inspecciones por comisarios municipales.

Una parte de los salarios del preceptor y del repetidor provenía de las arcas municipales y consistía en un salario anual en dinero (200 maravedís en su fundación y 40.000 a finales del siglo XVI) y en especias (generalmente un cahíz de trigo, cantidad suficiente para su consumo anual). Junto a este dinero aportado por el Concejo, el preceptor percibía de cada uno de sus alumnos (hijos de caballeros y hombres buenos en su mayoría) una cantidad mensual (2 ó 3 reales en las última décadas), aunque tenía la obligación expresa de no cobrar nada a los pobres.

Entre 1568 y 1583 fue preceptor del Estudio el maestro Juan López de Hoyos.

LA COMPETENCIA DE LOS OTROS ESTUDIOS

El Estudio municipal sufrió siempre la competencia (a veces abusiva) de otros estudios, tanto particulares como pertenecientes a instituciones religiosas. El competidor documentado más antiguo (1495) fue el convento de San Francisco, que llegó a forzar la dimisión del preceptor Juan de Rojas, porque «a causa de aver letrado de balde en San Francisco, no tiene ningund estudiante». La Universidad de Alcalá, operativa desde 1508, fue causa también de que se redujera el número de escolares del Estudio, lo que provocó las quejas del Concejo madrileño en 1515.

Las disposiciones municipales en defensa del Estudio fueron continuas: «que ninguna persona non sea osado de poner escuela de gramática, salvo el bachiller que tienen aquí asalariado» (1481); «non consintirán que otro lea en esta villa nin su tierra» (1497); «que no vayan a otro estudio, salvo al salario por la Villa» (1512). En 1515, el Consejo Real confirmó la prohibición ordenando «que no pudiese aver otro estudio salvo el de la dicha Villa»: en este caso, se trataba de evitar la continuidad de un estudio particular abierto por Luis de Madrid, clérigo que durante catorce años estuvo presente de continuo, ya fuera regentando ilegalmente su propio estudio, ya trabajando como repetidor del preceptor municipal, ya ganando la cátedra por oposición.

LOS TEATINOS

Sin duda, la competencia más fuerte -y la única finalmente insalvable- vino de los teatinos o jesuitas. En 1560, la Compañía de Jesús fundó casa en Madrid,  a espaldas del monasterio de la Concepción Jerónima; desde el primer momento intentaron detentar a perpetuidad la cátedra del Estudio madrileño, ofreciendo poner en él «tres preçeptores de gramática que leerán menores y medianas y mayores y no llevarán ninguna cosa a los estudiantes (…) ni a sus padres»; el Concejo, aunque los pareceres estaban bastante divididos, les permitió presentarse a la oposición, opción que la Compañía no aceptó. El intento se repitió en 1566 con idéntico resultado.

En 1569 la Compañía recibió de Felipe II el encargo de enseñar Gramática y Retórica. Se trajeron maestros, y muy pronto el número de sus alumnos -la mayoría, hijos de Títulos y grandes señores- aumentó rápidamente (en 1595, más de 700). Si bien en su inicio la creación del Colegio fue un acicate para el Estudio, muy pronto supuso para él una competencia fatal: en 1586, el Concejo se quejaba de que «con el estudio que los teatinos tienen, (…) en el estudio desta Villa no ay estudiantes ni acude nadie a oyr las liçiones».

DECADENCIA Y EXTINCIÓN

A partir de la última década del siglo XVII, la situación del Estudio se hizo insostenible, pues su alumnado (procedente de clases cada vez más bajas) menguaba a ojos vistas. El Concejo hubo de utilizar las aulas casi vacías como depósito de armas y de pan, y llegó a darse el caso de que algunos de los últimos preceptores alquilaban las dependencias del caserón municipal a vagabundos y malhechores.

Finalmente, el 2 de septiembre de1619, los regidores decidieron suprimirlo y despedir al preceptor por «el poco fruto y provecho que es para esta Villa el tener preceptor de gramática, porque todos los que oy le van a oyr no son sino gente perdida y que no se quieren sujetar a la vuena doctrina e ordenanza y costumbres de la Compañía de Jesús donde con tanto cuydado y vuen ejemplo se enseña la gramática (…); oy no sirbe sino de albergue de jente vagamunda»; la casa se vendió y lo cobrado se destinó a la obra de la Cárcel (luego, Casa) de la Villa, en la plaza de San Salvador. El viejo Estudio de Gramática -la institución municipal civil más antigua que conocemos- acababa de desaparecer y la cátedra de Gramática y Humanidades, en consecuencia, pasó al Colegio de jesuitas, que en 1603 había sido elevado a la categoría de Imperial.